Blanco de Sanlúcar y Pérez Mota, a hombros en la corrida nocturna

  • Manuel Escribano fue el sustituto del lesionado Luis Vilches en la primera corrida de toros de las Fiestas de Exaltación al Río Guadalquivir en el coso sanluqueño

Ganadería. Seis toros de Manuel Ángel Millares, muy bien presentados aunque descastados y complicados, sin romper ninguno: los dos primeros mansos cerrados en tablas. TOREROS: Manuel Escribano, de purísima y oro, nuevo en esta plaza, pinchazo hondo y descabello (OVACIÓN Y SALUDOS) y pinchazo y estocada (OVACIÓN Y SALUDOS). Antonio José Blanco, de esperanza y oro, metisaca bajo y estocada (OVACIÓN Y SALUDOS) y estocada (DOS OREJAS). Salió a hombros. Manuel Pérez Mota, de carmín y oro y nuevo en esta plaza, estocada (OREJA) y pinchazo y estocada (OREJA). Salió a hombros. Incidencias. Plaza de toros de Sanlúcar . Festejo celebrado el sábado a las 22 horas. Muy pobre entrada.

Antonio José Blanco, de Sanlúcar y Manuel Pérez Mota de El Bosque, salieron a hombros en la primera de las dos corridas del agosto sanluqueño, un festejo en el que se lidió un bien presentado encierro de Manuel Ángel Millares que se quedó en la fachada, sin terminar de romper ningún toro.

La primera nota tiene que ser negativa porque se refiere a la escasa asistencia de público, parece que el aficionado se reserva para el gran espectáculo que se ofrece el próximo fin de semana en esta plaza: El Juli, Perera y Cayetano con toros de Santiago Domecq, ganadería triunfadora en El Puerto y con un toro indultado en la última feria de Los Barrios.

Lo segundo, que se lidió una corrida con presencia y cuajo pero que no terminó de romper ningún toro con calidad, inventándose las faenas los toreros, especialmente los triunfadores, con muchas ganas y tesón y es que en estos carteles modestos siempre se encuentran torero con mucha voluntad y ganas que redondean importantes logros, como sobreponerse a un festejo que comenzó con dos mansos de libro, ilidiables por entablerados y de escasa acometida y con el resto de los toros complicados, sin ponérselo fácil a los toreros.

Así nada pudo hacer Manuel Escribano, sustituto del anunciado y lesionado Luis Vilches, con el primero de la suelta, manso y eternamente reculado en tablas, hasta el punto de que tuvo que estoquearlo al sesgo. Tampoco lo tuvo fácil ante su segundo, un toro que se lo pensaba. Voluntarioso, no renunció a banderillear su lote, solventado eficaz la papeleta. El toro miraba, se colaba y cabeceaba, consiguiendo el sevillano armar faena al final, con el toro ya muy a menos y derrotado. Hubo petición minoritaria.

El segundo, manso entablerado también, fue el primero del lote de Antonio José Blanco que tampoco pudo hacer nada con este toro, que además cogió a su tercero, Juan Luis Merino, que fue atendido de un puntazo en el muslo izquierdo. Con el quinto, que lanceó muy bien, Blanco se inventó una faena tenaz y laboriosa a un toro sin clase, que pasaba casi a la defensiva, sin entregarse nunca hasta rajarse. Porfió tenaz Blanco en un largo arrimón, firme y encunado, haciendo levantar de sus asientos a muchos aficionados.

Manuel Pérez Mota, con el mejor corte y muchas ganas, tuvo un primero aquerenciado en chiqueros y tuvo la virtud de desengañarlo de aquellos terrenos. Comenzó por estatuarios y cuando más parecía que el toro seguía el viaje, le tiró un derrote marcándole la cornada en la taleguilla, por suerte sin herir. Con firmeza siguió la faena por ambos pitones consiguiendo rematar muy toreramente por ayudados, cobrando la oreja con una buena estocada.

La segunda vendría tras una faena larga y porfiona con el pegajoso sexto, el torero obsesionado en esa segunda oreja que le abriría la puerta grande y el toro, bruto y con genio, topando con la muleta. Decidido el torero, adentrándose en cercanías con el péndulo, ligó la serie al natural, mató con rapidez y cortó la oreja.

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