Las Bibliotecas Provinciales celebran la jornada de los mejores lectores

  • Los centros de Andalucía conmemoraron ayer el Día del Libro Infantil El escritor Pepe Maestro protagonizó el encuentro en Cádiz

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Desde 1967, coincidiendo con el aniversario de Hans Christian Andersen, la oficialidad celebra el Día Internacional del Libro Infantil. No deja de ser curioso: Andersen era un escritor atrozmente delicado, sentimental, responsable de innumerables berrinches entre numerosas generaciones de niños. De su pluma surgieron algunos de los títulos más desoladores del género, como La sirenita, El ruiseñor, El soldadito de plomo, Las zapatillas rojas o La cerillera -Dickens era un aficionado-.

A él recurrió la delegada de Educación, Cultura y Deporte, Cristina Saucedo, para explicar la jornada a los alumnos de primaria de Campo del Sur y Adolfo de Castro que acudieron a la Biblioteca Provincial. A sus preguntas, los críos aseguraron mayoritariamente haber estado antes en el centro. No hay que hacerles mucho caso: la mayoría afirmaba leer, también, una media de dos horas al día. Y decían sin empacho que los profesores tampoco les obligaban nunca a abrir un libro.

"Lo importante -señalaba Saucedo- es que lo paséis bien leyendo. Que sepáis que podéis venir aquí y pedir a vuestros padres que os traigan si os apetece pedir un cuento o leer un rato".

La delegada presentaba así el acto organizado por el Centro Andaluz de las Letras para conmemorar la fecha: un encuentro concertado con el escritor y dramaturgo gaditano Pepe Maestro -este año, desde el CAL, se ha pretendido apostar por la promoción de autores e ilustradores locales-. Maestro puso en pie ante los chavales fragmentos de cuentos clásicos, como Las habichuelas mágicas, y algunos de sus propios títulos, como El circo de Baltasar o Balbino y las sirenas, que habla de una invasión de sirenas en Gadeira, es decir, Cádiz: "Siempre pongo a la sirena como ejemplo cuando me preguntan de dónde sale la fantasía -explicaba el autor-. Porque la fantasía siempre se inspira en elementos de la realidad". En su puesta en escena había una línea base: leer es, puede ser, un espectáculo en sí mismo, mutante, siempre creciente, en tres dimensiones.

A pesar de los índices de lectura descacharrantes, quienes trabajan en el sector saben que el público infantil, por mucha generación de pantalla y por mucho déficit de atención endémico, se trata de un público muy receptivo para el libro. Otra cosa es que esa tendencia termine diluyéndose al llegar a la adolescencia, con una etapa delicada entre los 13 y 14 años. Pero antes de esa franja, una historia escrita (y dibujada) sigue siendo algo goloso. Sólo hay que saber vendérsela: "Hércules era hijo de Zeus pero no era hijo de su esposa Hera -relataba a su público Pepe Maestro-. Pero Hércules sólo podría ser inmortal, como los demás hijos de dioses, si se alimentaba de la leche de la diosa Hera. Así que un día, aprovechando que estaba dormida, Zeus le colocó al bebé Hércules en el pecho. Pero ella se despertó y se apartó muy rápido. La leche que se le cayó forma la mancha blanca que vemos en el cielo por las noches y que llamamos la Vía Láctea. Y como Hércules fue fundador de Cádiz, por eso se dice que aquí hay que mamar".

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