Belleza y corección sublimes

XXX Festival Internacional de Música A orillas del Guadalquivir. Sanlúcar de Barrameda. Programa: VI.-M.Ravel: Sonatina y Miroirs II.-Obras de R.Shuman; F. Chopin; Peter I. Tchaikovsky y F. Liszt. Lugar: Auditorio de la Merced. Sanlúcar de Barrameda. Día: 6 de agosto de 2010. Asistencia: Aforo al 50%.

Un impresionante recital de piano dejó el viernes 6 gratamente sorprendido al público que acudió a la representación programada por el XXX Festival A Orillas del Guadalquivir. ¿Quién dice que la corrección llevada al extremo es incompatible con la belleza del arte? Desde luego, después de oír a Jue Wang, la duda queda despejada, pues lo consigue con creces, y sin ayudarse en un solo momento de partitura alguna. Todo en su cabeza.

El recital del intérprete de Shangai comenzó con la Sonatina de M. Ravel, que en sus tres movimientos fueron abordados por un más que correcto Wang, en el tiempo y en la justa delicadeza que la obra requiere. Pero fue en la segunda obra de la primera parte del programa: Miroirs, también de Ravel, donde dejó ver al público sanluqueño que es un intérprete capaz de enfrentarse a un programa variado, mucho más allá de la corrección en las formas. La obra de M. Ravel, describe motivos y ambientes, cuando cada una de las 5 personas a las que están dedicados los pasajes de la composición, miran a través de un espejo. Wang estuvo sencillamente genial demostrando el absoluto dominio que posee del piano en los pianísimos del Noctuelle; la delicadeza al describir Oisseaux tristes; el derroche de virtuosismo exhibido en Un barque sur lócean; el brío y la decisión en La alboradadel gracioso; y la entrega en la interpretación de las melodías de La vallée des cloches.

La segunda parte del recital supuso un cambio en concepto del programa, y por tanto en la interpretación del mismo. El Intermezzo op.26 Nº 4 de R. Shumman abrió tras el descanso, con una interpretación verdaderamente elegante del joven pianista chino que fuera ganador del Concurso Internacional de Piano de Santander Paloma O´Shea en su edición de 2008.

Siguió la interpretación de la Polonesa Eroica en La bemol Mayor de F.Chopin, que despertó el entusiasmo del público presente en el Auditorio de La Merced. Meritoria interpretación, luchando contra los recursos materiales -me refiero al piano puesto a su disposición, que no era precisamente lo mejor del mercado- y saliendo fenomenalmente adelante en la interpretación de esta conocidísima pieza. Siguió otra interpretación impresionante de Chopin: La Balada nº 4 en Fa menor.

Si dentro de la primera parte Miroirs fue lo mejor, por decir algo, dentro de esta segunda, y también por la misma razón, la interpretación de la Polonesa de Eugene Onegin de P.I. Tchaikovsky supuso, en mi opinión una experiencia difícil de olvidar. La pieza, parte conocidísima de la composición de ópera: Eugene Onegin del compositor ruso, adquirió una dimensión fuera de lo normal en las manos de Jue Wang, capaz de ser catalizador de compositores románticos de dos mundos diferentes, como Shumann o Thaikovsky. Verdaderamente una grata sorpresa la excelente interpretación de esta pieza.

El público aplaudió puesto en pie, y Wang correspondió, cortés y correctamente hasta tres veces al respetable, interpretando obras de Saint-Saëns, F. Liszt, despidiéndose con el tango de Albéniz, en un guiño a la conmemoración el pasado año 2009 del centenario del genial compositor español.

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