El Bellas Artes sube el listón con un Murillo "sin aditivos ni edulcorantes"

  • Las 42 pinturas que integran el catálogo de la muestra reivindican a "un pintor maltratado por la crítica" · Préstamos de museos y colecciones de tres continentes se dan cita en esta magna cita

Fija su mirada directamente en el espectador y se pinta para la posteridad con la conciencia de saberse un genio. Con el Autorretrato de Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1671 - Cádiz, 1682) arranca El Joven Murillo, la magna exposición que, hasta el próximo 30 de mayo en el Museo Bellas Artes de Sevilla, acerca al público las dos primeras décadas de producción, las más desconocidas de su carrera, de uno de los genios más originales de la pintura del Siglo de Oro.

"Nos hemos puesto el listón muy alto", comentó en la presentación de esta cita Antonio Álvarez, director de la pinacoteca que con esta exposición, que coincide con la temporada alta de turismo en la ciudad, aspira a recibir 150.000 visitantes, cifra con la que se cerró el el pasado 10 de enero la muestra Colección Casa de Alba, la más visitada de su historia.

Más allá de los récords, la exposición, que saluda al visitante con este retrato atesorado en una colección particular neoyorquina, propone un delicioso recorrido por 42 obras capitales, que representan el 70% de la producción del Murillo joven y el 80 % de todos los cuadros solicitados por los diseñadores de la muestra. No en vano, esta coproducción entre el Bellas Artes de Sevilla y el de Bilbao reúne hasta 25 préstamos procedentes de museos y colecciones privadas de tres continentes. Se han quedado por el camino lienzos que no han viajado por sus enormes dimensiones o, directamente, porque han sido denegados por sus conservadores, caso de la tierna imagen de La adoración de los pastores, del Prado.

Comisariada por los investigadores Benito Navarrete y Alfonso E. Pérez Sánchez en colaboración con Ignacio Cano, El joven Murillo aborda el período formativo del artista (atendiendo a su formación con el maestro Juan del Castillo), su engranaje en el primer naturalismo y su identificación con la doctrina de la justicia social predicada por los franciscanos. La muestra, en palabras de Navarrete, pretende recuperar la memoria de la época temprana de "un pintor maltratado por la crítica" al haberse reducido, durante años, a simple pintor de "inmaculadas y san juanitos reproducidos en almanaques" .

El tránsito por los siete espacios en los que se divide la muestra, cuya museografía ha corrido a cargo de Ingenia, revela el apego del artista a los desvalidos. Es un "Murillo sin aditivos ni edulcorantes", definió Navarrete. Como ha recordado en la presentación de esta cita la consejera de Cultura Rosa Torres, "esta retrospectiva nos brinda una oportunidad irrepetible de descubrir los deslumbrantes comienzos de un artista universal que supo trazar como nadie la Sevilla de principios del siglo XVII", una ciudad por aquel entonces, "cosmopolita y llena de contrastes" en la que convivieron "los arrabales infectos con los suntuosos palacios". Una atención por lo marginal que cuenta con magníficos ejemplos como la turbadora figura de una anciana con trazos de celestina que ha sido cedida por la Alte Pinakothec de Múnich, Vieja con gallo y cesta de huevos, y que figura entre la nómina de 16 pinturas que regresan por vez primera a España. En esta misma línea giran dos de las joyas de la muestra: el célebre El joven mendigo, del Louvre, y el vigoroso retrato de los pícaros Niños comiendo melón y uvas. A esta temática se une la serie del Claustro Chico, los lienzos monumentales, la dedicada a la infancia de Cristo, las series de María Magdalena y Santa Catalina y, por último y cerrando "este recital de belleza", para Álvarez, la dedicada a la visión y éxtasis de los santos penitentes.

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