Artistas en glorioso blanco y negro

  • El director Michel Hazanavicius cumple un viejo sueño con 'The Artist', la película francesa que ha obtenido 10 candidaturas a los premios Oscar: llevar a las pantallas una historia clásica de cine mudo

¿A quién se le ocurre hacer una película muda, al viejo estilo, en blanco y negro, en una época cinematográfica marcada por el dolby estéreo a todo volumen y la infrografía corrigiendo cada plano? La respuesta es el director francés Michel Hazanavicius, que con The Artist ha cumplido un viejo sueño. Este proyecto, que al fin se puede ver en los cines de nuestra bahía, sin duda aupado por las diez candidaturas al Oscar que consiguió el martes, llevaba mucho tiempo en el cajón del cineasta. Había un precedente cómico de los años 70, La última locura, hecha en los buenos tiempos de Mel Brooks, antes de que degenerara en las parodias infumables, pero no era lo mismo. Hazanavicius quería contar una película con el estilo del cine clásico americano, muda, en algo que era más que un homenaje. Se trataba de una recuperación en toda regla, sin guiños al espectador contemporáneo, ni sátiras, toda una declaración de intenciones.

Como es lógico, nadie quería saber nada de este disparate. Es curioso que uno de las grandes pegas que ponían los productores es que no podrían contar con apoyo de las televisiones, ni siquiera de las más receptivas, pues no iban a invertir en un film mudo en blanco y negro, lo que dice mucho de cómo está el panorama actual audiovisual. Mientras, el director se entretuvo haciendo otras dos películas de recuperación de un género clásico, como es el de espías a lo James Bond, con el díptico formado por OSS 117: El Cairo nido de espías y OSS 117: Perdido en Río, filmes que demostraban la nostalgia por un cine perdido y una sana parodia que conseguía hacer lo que Santiago Segura busca desesperadamente con Torrente, jugar con un personaje fachorro y metepatas que resulta entrañable. Además, en estos filmes conoció al actor Jean Dujardin, que con su empaque de estrella antigua daba el tono necesario. En cualquier caso, su ansiado proyecto mudo parecía destinado al limbo de las grandes películas que nunca se hicieron hasta que apareció el productor Thomas Lagmann que se tiró a la piscina. El resultado ha sido muy rentable. Dujardin obtuvo el premio al mejor en el festival de Cannes y el mito de The Artist no ha dejado de crecer, con buenas recaudaciones que demuestran que el público no es tan tonto como parece. Aunque por internet corren fotos de algún cine que asustado ha decidido avisar de que la película comete el infame pecado de ser muda y en blanco y negro.

Al revés que su díptico sobre el agente 117, The Artist no es paródica, tampoco un homenaje. Es narrar una película como se hubiese hecho en la época de su acción, años 20 y 30, con su humor, su melodrama y todo lo necesario. Cuenta una historia tan clásica como la una estrella del cine mudo tipo Douglas Fairbanks que cuando llega el sonoro ve su carrera truncada. Mientras se hunde en el pozo del olvido una starlette que conoció en sus tiempos de gloria (interpretada por Bérénice Bejo, esposa de Hazanivicius en la vida real) empieza su ascenso a la fama al saber dar lo que piden los nuevos tiempos. La vida de estos dos actores se cruzan en un cambiante Hollywood. Ahora, a ver si The Artist remata su faena ganando el Oscar, aunque su mejor baza es Jean Dujardin para obtener premio.

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