Flamenco

Arcos fue una feria (flamenca)

  • El I Encuentro Flamenco en Escena reunió en Arcos a artistas, aficionados y programadores en largas noches de música, teatro, danza y palabras

Las dos torres que emergen del escarpado caserío de Arcos de la Frontera, la de la Iglesia Mayor de Santa María y la de San Pedro, han enmarcado durante estos días las actividades del I Encuentro Flamenco en Escena que desde el jueves se ha celebrado en la localidad de la Sierra. Al resguardo de ellas, se asentaban los dos escenarios en los que se han sucedido casi docena y media de espectáculos, distintas formas de expresión artística -teatro, danza, música, baile…- que tenían al flamenco como nexo y alma común de inspiración. Espectáculos que han provocado una actividad incesante que, entre actuaciones y montajes, han llenado todas las madrugadas del fin de semana. Sus artistas, músicos, técnicos, pero también los programadores, periodistas y aficionados, han tomado por unos días las calles empedradas, han llenado sus terrazas configurando una insólita visión del centro histórico en el que, por unos días, no circulaban vehículos.

Entre uno y otro espacio escénico -pequeño y recoleto el de San Pedro, anchuroso e imponente el de Santa María bajo su torre neoclásica y barroca- un bullicioso ir y venir de gentes por la calle Botica y la Plazuela de las Monjas. Paradas obligatorias en La Misericordia, donde se exponía la muestra El Trazo Jondo del pintor Antonio Valentín o en el lugar donde el creador Téllez de Menese dibujaba sobre la blanca pared encalada El Árbol del Flamenco. También ha habido conferencias a cargo de Faustino Núñez y Antonio Murciano y el sábado se presentó la grabación La Nueva Frontera del Cante de Jerez 2008. Y al mediodía, en el Palacio del Mayorazgo, sede de la organización, ruedas de prensa y encuentros con los artistas, una parte fundamental de este evento al que acuden las compañías a mostrar unos trabajos que aspiran a girar por otros escenarios.

Con medio centenar de representaciones a sus espaldas y figurando en todas las programaciones venideras, entre ellas la Bienal de Sevilla, a los gaditanos de la Compañía La Flamenkita les tocó en la tarde noche del jueves abrir el fuego de este encuentro. A pesar de que el escenario no era el más propicio y de la ausencia de niños, que es el público al que se dirige la obra, La niña que perdió el compás confirmó sus posibilidades para introducir al personal en los ritmos del flamenco de una forma divertida y desenfadada. En el escenario grande de Santa María tuvo lugar poco después la representación del espectáculo inaugural, El Gitanito Ezquizofrénico, una renovada visión del teatro flamenco en que lucen las partes de cante, baile y toque de José Valencia, Javier Barón y Javier Patino junto al trabajo integrador y conductor del jerezano Luis Lara, actor y artista. De nuevo en San Pedro, tiempo para otra forma de teatro, el del monólogo sobre el que se construye la obra El Duende no tiene nombre de mujer, un recorrido por la vida de Pastora Pavón La Niña de los Peines que impresiona por su intensidad. Cerró la noche del viernes una de las mejores propuestas que se han visto en estas jornadas, la obra Chanta la Mui, en la que el bailaor local Marco Flores, la cordobesa Olga Pericet y el granadino Marcos Doña despliegan sobre la escena un acoplado encuentro entre bailes y danzas, músicas diversas y flamenco, lleno de viveza y momentos más que brillantes.

La noche del viernes se presentaba como la más completa y diversa por el número y naturaleza de sus espectáculos y, en gran medida, no defraudó las expectativas. La conferencia del flamencólogo local José María Velázquez-Gaztelu -espléndidamente ilustrada por el cante de Segundo Falcón y Juan José Amador, el toque de Pepe Maya y el baile de Mari Paz Lucena- fue un modelo de equilibrio y mesura, con una elocuente interpretación del flamenco como "música de la vida" en tanto sus formas musicales responden a encuentros de gentes y culturas que se desarrollan durante siglos en Andalucía. De forma casi simultánea en el tiempo, en el espacio de Santa María, la Compañía Búho y Maravillas puso en puso en escena la obra de títeres Los Músicos de Brenes y en el de San Pedro, la bailaora gaditana Rosario Toledo estrenó su espectáculo Del primer paso que comentaremos en otro lugar. Tras ella, y en el mismo lugar, Marcos Vargas y Chloe Brûle volvieron a mostrar su galardonado trabajo de baile, danza e interpretación Cuando uno quiere y otro no. Tras la medianoche, la plaza del Cabildo se convirtió en un gran concierto de música flamenca con el grupo del utrerano Tomás de Perrate y la Flamenco Small Band. El primero llevo a escena su trabajo discográfico Perraterías acompañado de la guitarra de Antonio Moya y una banda de rock con la que se acompañó en alguno de los cantes, como sus conocidos tangos del Piyayo en clave de reggae. Los segundos dejaron buenas sensaciones todavía por consolidar con una fusión de cante, toque, baile y percusión.

El sábado estuvo gafado desde su inicio por la desagradable presencia de un fuerte viento de levante que deslució y llegó a impedir dos de las tres obras programadas. El grupo Cibayi, dirigido por la gaditana Charo Cruz, tuvo que interrumpir su actuación. Su propuesta, que contaba con la participación, entre otros artistas, del guitarrista de Barbate Nono García, de la cantaora Encarna Anillo y el bailaor Juan Carlos Carbonell quedó prácticamente inédita, pues lo que se pudo ver ni siquiera respondía a la concepción original, según declararía su autora. Por la misma causa, tampoco se pudo ver la obra Tejidos al tiempo de Choni Compañía Flamenca. Si se representó en el espacio de San Pedro La Botella Vacía de la Compañía De Puntillas que recibió una acogida desigual.

Para ayer domingo, estaban previstas las actuaciones del grupo Albadulake con la obra infantil Majaretas, del cuadro del bailaor malagueño Carrete, y del grupo de DJ's sevillanos Los Rumbers.

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