Día internacional del libro infantil y juvenil Celebración en la Biblioteca Pública Provincial

Aprender a contar historias

  • El ilustrador y autor Abel Ippólito dio ayer una clase práctica a alumnos de Primaria del colegio Safa Villoslada, tras la intervención de la delegada de Cultura

"¿Qué es primero, la historia o el dibujo?" Preguntó el ilustrador Abel Ippólito a los alumnos de tercero y cuarto curso de Primaria del colegio Safa Villoslada de Cádiz. "¡La historia!", contestaron todos al unísono. Así empezaba ayer la clase práctica que recibieron los niños en la Biblioteca Pública Provincial para conmemorar el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil. Pero la celebración comenzó un rato antes, con la lectura por parte de la delegada provincial de Cultura de la Junta, Dolores Caballero, del manifiesto escrito expresamente para ese acontecimiento por el tailandés Chakrabhand Posayakrit.

Tras contarle a los niños que él es autor de cómic y que ha estado en Japón aprendiendo Manga, Abel Ippólito les explicó cómo podían crear ellos su propias historietas y les reveló algunos trucos, como inspirarse en lo que le cuentan sus amigo o en algo que ven en la televisión.

"Crear historias es muy divertido, pero tiene unas reglas", continuó el ilustrador, quien indicó algunas normas sencillas. "Una historia tiene tres partes: el planteamiento o introducción, el nudo y el desenlace, que vale también para un libro o para una película. El planteamiento es cómo comienza la historia y suele ser muy corto. Lo interesante empieza cuando termina esa introducción. Es algo que se llama detonante, y es cuando de pronto ocurre algo que no se esperaba", contaba Ippólito, poniendo ejemplos concretos para que los niños lo entendieran mejor. Les explicó que en el nudo "ocurre que al protagonista cada vez se le pone la cosa más difícil", y que en el desenlace se produce otro detonante "y gracias a él se consigue resolver todo". También dejó claro que "en todas las historias hay que cumplir un objetivo". Y puso a los niños a crear sus propias historias por grupos.

Carmen y Elena, de segundo de Primaria, querían hacer una historia de animales, porque las dos quieren ser veterinarias. Los niños optaban más por el terror y las aventuras. Todos llamaban a Abel para preguntarle sus dudas y que viese sus avances. Estaban todos entusiasmados con la clase práctica. "¡Es guay!", decían.

El ilustrador también dio algunas nociones de dibujo. "Hay que pensar cómo va a ser físicamente el protagonista de la historia. Os voy a enseñar algo de las emociones humanas". Comentó que las cejas, los ojos y la boca son las partes de la cara más expresivas y les mostró las expresiones básicas para dibujar un personaje.

"Una de las cosas que tiene que tener un dibujante es memoria visual", continuó Abel Ippólito. Y les propuso "un ejercicio de memoria con dos partes, una de mirar y otra de dibujar". Los niños tenían que observar durante unos minutos a su compañero más próximo y después, dibujarlo de memoria. "¡Pero no podemos hacer trampa!", advertía a los pequeños, mientras que les enseñaba algunos "trucos" para pintar una cara.

Cuando anunció que llegaba la hora de terminar, los niños respondieron con un "¡no!" Por lo que al preguntar en voz alta los profesores del colegio Safa Villoslada que los acompañaban si les había gustado la clase, la respuesta era de esperar. Todos contestaron a la vez: "¡Sí!" Se despidieron con un aplauso a Abel Ippólito y con el deseo de los maestros de que les vuelvan a invitar para poder disfrutar de la biblioteca.

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