Apasionante imaginario

  • La Sala Rivadavia acoge parte de la entusiasta carrera artística de Manolo Caballero, que donó un conjunto de obras a la Diputación, institución que atesora una importante colección

En los últimos años de la década de los ochenta y primeros de la siguiente de la anterior centuria, la Diputación de Cádiz llevaba a cabo una importantísima labor en torno al Arte Contemporáneo. Hasta los espacios del Palacio Provincial -también hasta otros de la capital- llegaban, sin solución de continuidad, las más significativas exposiciones que se veían en Andalucía; eran muestras de indiscutible trascendencia que convertían a Cádiz en un referente en los circuitos expositivos españoles. Los culpables de aquel dinamismo artístico tenían nombres propios: Eduardo Rodríguez y Manolo Caballero que supieron crear la motivación adecuada entre los dirigentes políticos de la Diputación para que no hubiera cortapisas hacia un Arte nuevo que encontraba en la máxima institución pública de la provincia el eco adecuado y la apuesta descarada hacia la creación más inmediata. Después, Manolo Caballero fue retirado de tan espléndidos proyectos, continuando Eduardo Rodríguez en solitario, poniendo entusiasmo hacia la Plástica Contemporánea y luchando con las múltiples circunstancias para que aquel esplendor vuelva a tener su sitio.

Ahora, después de aquella exposición restrospectiva - Caos, orden, circunstancia - en el Claustro del Palacio de la Diputación del año 2014, llega Manolo Caballero al otro espacio expositivo de la Diputación en la capital gaditana, la sala Rivadavia; lo hace para llevar a cabo un gesto de generosidad muy especial: la donación de un conjunto de obras a la institución, cuya selección manifiesta la larga trayectoria del artista de la Isla de León, cubriendo un largo periódo que abarca desde 1073 - La Ídola - hasta el año 2012, momento del que data Las Últimas Piedras.

Para esta muestra, Manolo Caballero que, junto a la pintura, ha demostrado una gran trascendencia como escritor, ha escogido el revelador título de Los días y los trabajos. Bajo su espíritu se encuentra parte de una carrera pictórica entusiasta en la que se ofrece el particular lenguaje de un autor culto que lleva todo su potencial cultural a una práctica artística en la que se descubre, sutilmente manifestado, todo lo que envuelve su importante patrimonio intelectual.

El legado está formado por veintiséis piezas en las que encontramos ese ideario mágico simbólico que caracteriza su pintura; una pintura que transcribe capítulos de una historia protagonizada por un apasionante imaginario con lo real y lo ficticio, lo humano y lo divino, lo esotérico y lo metafísico, lo onírico y lo vivido, lo oculto y lo presentido, lo legendario y lo mitológico, lo objetual y el animalario, componiendo un escenario de imposibles que ejercen una mágica función.

La obra de Manolo Caballero en todo su esplenderoso conjunto va a ocupar, desde ahora, un puesto de especial significación entre los fondos de una de las colecciones de Arte Contemporáneo más completas de Andalucía, colección que Manolo Caballero tuvo mucho que ver en los primeros momentos de su conformación.

MANOLO CABALLERO Sala Rivadavia Cádiz

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