Amores pellejosos

Comedia romántica, EEUU, 2009, 118 min. Dirección y guión: Nancy Meyers. Intérpretes: Meryl Streep, Alec Baldwin, John Krasinski, Steve Martin, Hunter Parrish, Lake Bell. Cines: Cinesur (Cádiz); Bahía Mar (El Puerto de Santa María); Ábaco (San Fernando);

Tras triunfar durante dos décadas escribiendo guiones tontorrones -como La recluta Benjamín, Protocolo o El padre de la novia- Nancy Meyers ha triunfado dirigiendo películas igualmente tontorronas -como Tú a Londres y yo a California, ¿En qué piensan las mujeres? o Cuando menos te lo esperas- adornadas con diálogos que pasan por ingeniosos, envueltas en lujoso estilismo e interpretadas por grandes actores que en sus películas siempre lo son menos.

El combinado es la típica soap opera o película para mujeres (y acompañantes masculinos complacientes) que sorprende que siga existiendo hoy en día (recuérdese que las soap operas u óperas de jabón eran los seriales primero radiofónicos y después televisivos que, al estar destinados a amas de casa, eran patrocinados por productos de limpieza). Muy lejos del genio de los directores que convirtieron en arte mayor el melodrama para mujeres -Stahl en los años 30 y 40, Sirk en los 50-, Nancy Meyers juega con los tópicos en este momento circulantes fingiendo que nada contracorriente.

El llamado amor otoñal es su más reciente apuesta tanto en la indigesta Cuando menos te lo esperas -el duelo de muecas entre Jack Nicholson y Diane Keaton es terrorífico- como en esta algo más digerible No es tan fácil. Lo que en gran medida alivia la digestión es que la Streep tiene una cualidad de la que carece Diane Keaton: es una actriz.

Aquí de lo que se trata es del reencuentro entre dos maduros ex cónyuges que sienten renacer en ellos antiguas primaveras al caer en una situación de cierta intimidad y algunos grados de alcohol.

Las digestiones, ya se sabe, traen estos disgustos. Adulterio, en fin, entre un ex matrimonio que se lo pasa tan bien engañando a sus actuales parejas que sorprende que no se lo montaran antes al estilo de los aristocráticos matrimonios libertinos del siglo XVIII que se adornaban con pactada desenvoltura, exquisita cortesía y hablándose de vos.

Meyers entiende por realismo las alusiones a la cirugía estética, el desplome de la barriga de Alec Baldwin o alguna broma de alcoba ligada a los efectos del tiempo y la edad. Y parece convencida de estar presentando un retrato real y muy humano del amor después de los 60. Además con un toque de distinción.

Supongo que su público creerá lo mismo y saldrá tan gratificado como ella, hasta mirándose de reojo en los cristales del multicine para comprobar con satisfacción que aún le puede quedar un último tren que coger.

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