arte

Amante, mujer, hermana y madre

  • EL universo peronista protagoniza la obra de Daniel Santoro que se expone en el ECCO · Su pintura goza de muchos desenlances y está colmada de simbologías, de metáforas, de contrastes y paradojas

Las exposiciones que han configurado el amplio programa en torno al Arte Iberoamericano organizadas por el Ayuntamiento de Cádiz dentro de los actos que celebraban la Cumbre de Jefes de Estados y de Gobierno, han dejado una clara visión de la situación de la creación artística en algunos países del continente americano. Entre las que hemos contemplado, quizás, la que puede levantar más controversia es la de Daniel Santoro, cuya obra protagoniza el universo peronista. El espectador, tras la contemplación de esta muestra, sale de la misma con mucha inquietud, sin saber muy bien a qué atenerse ante el aluvión de imágenes en las que parece que se realiza una especie de soflama política del partido justicialista. Quizás, ante todo ello, el visitante más avispado se acordará de dónde viene políticamente la Señora Presidenta de la república de Argentina, a qué formación pertenece y, quizás también, puede suponer las intenciones que la hayan llevado a promover una exposición a celebrar coincidiendo con la Cumbre Iberoamericana.

De todos modos, dejando a un lado los posibles malintencionados planteamientos, centrándonos abiertamente en la realidad artística que manifiesta y asumiendo la iconografía planteada como un mero asunto estético, la exposición de Daniel Santoro conjuga muchos aspectos de esa figuración básica que yuxtapone en un mismo registro pictórico muchas situaciones. Por un lado, el artista argentino (Buenos Aires, 1954) bebe de varias fuentes estéticas. Su pintura está llena de referencias vanguardistas, de los pintores sudamericanos del primer tercio del siglo anterior - Rafael Barradas, Joaquín Torres García, Wilfredo Lam -, de Dadá, de la pintura metafísica y, sobre todo, del simbolismo. Este cóctel referencial posibilita una pintura poderosa, bien estructurada compositivamente y muy bien sustentada para que, desde tan contundentes soportes, se levante cualquier posible edificio pictórico. El que construye Santoro goza, además, de muchos desarrollos y desenlaces. El autor crea un universo en el que sobresalen muchos aspectos de aquel partido que Juan Domingo Perón creó y que lo llevo, en 1946, a la Presidencia de la República. La referencia peronista es incesante; para ello se vale del paradigma y del icono de la Argentina del siglo XX, antes que Maradona llegase a ser Dios, Eva Perón, aquella Evita dueña del corazón de los argentinos y de muchos otros fuera de América. Eva protagoniza en la obra de Daniel Santoro infinitas escenas; es heroína. Mártir, femme fatale, santa, hermana y madre. Una escenografía, a veces de imposibles, a veces de inmediatas manifestaciones, recrea un ambiente de simbologías, de metáforas, de contrastes, de paradojas y, sobre todo, de una interesada simbología que suscribe una pintura llena de enigmas, de ironía, de drama, de humor y hasta de crípticos postulados cabalísticos.

Estamos ante una exposición a medias entre la figuración realista de la pintura bolchevique, la proselitista nacionalsocialista con su adoctrinamiento fascista, el simbolismo y los paradigmas oníricos. Mézclese todo, póngale una chispita de sarcasmo y un puñadito de desconcierto y estará ante la obra de este argentino que llega Cádiz para recrear aspectos de una época pretérita, con el mito superando lo real.

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