A Albert Ràfols-Casamada

  • El desaparecido artista catalán ha sido uno de los grandes referentes del expresionismo abstracto

El pasado día 17 de diciembre moría en Barcelona Albert Ràfols-Casamada, uno de los grandes pintores españoles del siglo XX. Adscrito a la corriente informalista que tuvo lugar en Cataluña tras el trascendente momento que se vivió con el Grupo DAU AL SET. Había nacido en la ciudad Condal en 1923 y fue durante toda su vida un intelectual en el más amplio sentido de la palabra. Fue el principal representante de la tendencia espacialista dentro de lo que es el expresionismo abstracto, estando muy influenciado por el sentido espacial y colorista de Mark Rotkho, aunque fue evolucionando hacia resultados menos informales, con una mayor preocupación por cuestiones relativas a la composición y al color.

La pintura de Ràfols tuvo mucho recorrido dentro de lo que fue la abstracción; aportó frescura, placidez pictórica, un universo de presunciones que la hicieron personal e intransferible en un universo de medianías. Pero, sin embargo, aun viniendo de los postulados vehementes postulados expresionistas, la pintura del pintor catalán ponía de manifiesto una realidad estética basada en una poética donde las gamas cromáticas estaban inundadas de una cálida metáfora evocadora. Por sus lienzos, sutilmente coloreados, se desarrollaba una escenografía que patrocinaba un lenguaje, no obstante, poderoso, gestual y encaminado a positivar un paisaje cromático de profundo lirismo.

En cada una de las obras del artista barcelonés se nos presentaba el empleo exacto de una bella dicción, sin forzadas estructuras formales y siempre en la línea de un lirismo lleno de emoción y carácter.

Albert Ràfols-Casamada componía una pintura sin estridencias, perfectamente sopesados cada uno de los elementos confortantes, con un ritmo interno pulcramente distribuidos, sin estridencias y abierto a los efluvios evolventes de la espiritualidad.

La muerte de Albert Ràfols-Casamada deja un hueco importante en una creación artística que se va quedando sin los verdaderos artífices de aquella renovación que tuvo necesariamente que existir en la España de después de los tristes sucesos de la Guerra Civil y su descarnada situación social tras la misma. El pintor catalán llevaba mucho tiempo siendo protagonista de una de las parcelas pictóricas más importantes del actual panorama plástico español. Desaparecida aquella generación de catalanes ilustres que supieron superar oficiales y marcar rutas novedosas -Cuixart, Tartas, Clavé, Brossa, Ponç, Hernández Pijuán, Guinovart…, Ràfols era de los pocos que seguía manteniendo libre y expectante la energía creativa. Con su pintura, marcada por la fuerza expresiva y por la infinita dulzura de su grafía colorista, mantenía vivos los postulados más bellos de la abstracción pura. Ahora, con su pérdida, la generación de los valientes catalanes se reduce prácticamente a la figura todopoderosa de Antoni Tapies. Ràfols, para mi modesto entender, era uno de los más grandes y necesarios. Sirvan estas líneas para su eterno recuerdo.

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