OBITUARIO

Adiós a Martin Landau

  • El actor neoyorquino, ganador del Oscar por su papel de Béla Lugosi en 'Ed Wood', falleció el sábado en Los Ángeles a los 89 años

Landau, en 'Delitos y faltas'. Landau, en 'Delitos y faltas'.

Landau, en 'Delitos y faltas'. / d. c.

Aunque en la memoria lejana del viejo cinéfilo tal vez perdure su papel de malo siniestro pisoteando a Cary Grant al borde del precipicio en Con la muerte en los talones o su aparición breve en dos peplums deluxe como Cleopatra o La historia más grande jamás contada, muchos descubrimos a Martin Landau mucho más tarde, cuando ya tenía cumplidos los 60, en sus memorables papeles en Tucker, el hombre y su sueño (1988), de Francis Ford Coppola, Delitos y faltas (1989) de Woody Allen, posiblemente uno de los mejores y más hondos de toda su carrera, y Ed Wood (1994), de Tim Burton, donde interpretó a un anciano y crepuscular Béla Lugosi de fuerte acento húngaro que acompañaba al peor director de la historia del cine manejando las cuerdas ("¡Pull the string!") de un entrañable homenaje a la serie B.

Landau, fallecido el pasado sábado en Los Ángeles a los 89 años, incorporaba a aquellos tres personajes la veteranía, la experiencia y una poderosa humanidad surgida de un cuerpo afilado y fibroso, una voz grave (empleada en numerosos doblajes y narraciones documentales) y unos ojos grandes, azules y profundamente expresivos, conmovedores siempre en su modulación de la honradez, la dignidad profesional, la melancolía y la duda existencial y la culpa que atravesaban a sus personajes en aquella triada gloriosa de títulos que le reportaron los mayores halagos de la crítica, tres nominaciones y el único Oscar (Ed Wood) de su carrera en la pantalla.

A pesar de este merecido reconocimiento tardío, Landau era ya un actor con un largo recorrido en los escenarios, la televisión y el cine estadounidenses. Curtido en las aulas del Actor's Studio, donde compartió promoción con Steve McQueen y donde más tarde se convertiría en profesor, el neoyorquino (Brooklyn, 1928) desechó pronto su vocación de caricaturista para encontrar en la televisión popular su hueco para abrirse paso en la profesión. Después de rechazar el papel de Mr. Spock en Star Trek, tuvo más vista aceptando interpretar a Rollin Hand, el maestro del disfraz y los acentos impostados, en la no menos mítica serie Misión Imposible, en la que estuvo entre 1966 y 1969. Le seguiría la serie británica de ciencia-ficción Space: 1999, convertida hoy en objeto de culto a pesar de su fracaso inicial, donde compartió protagonismo con la que pronto sería su mujer, Barbara Bain.

El resto de los años 70 y 80 fue para Landau un periodo de fondo de armario y trabajo alimenticio, casi siempre en papeles de villano perverso, hasta que Coppola lo recuperó para encarnar al mentor y socio judío de su álter ego (Jeff Bridges), un emprendedor, visionario e independiente constructor de coches empeñado en sacar adelante su proyecto contra viento y marea.

Los reconocimientos, el Oscar y la edad propiciaron que la última etapa de su carrera fuera cómoda y plácida, siempre en papeles secundarios, pero siempre también dejando una profunda huella en cada personaje y cada título: City Hall, Pinochhio, EdTV, Rounders, City of Embers, Expediente X, The Majestic, Sleepy Hollow, poniendo voz a Frankenwennie, de Tim Burton, en la serie Entourage, o acompañando a Christopher Plummer en Remember, de Atom Egoyan, una de sus últimas apariciones.

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