Adiós al cantaor José Millán, uno de los últimos de Santa María

  • El artista deja registrado parte de su arte en un disco que aún no ha visto la luz

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Anteayer se enterró a José Millán, uno de los últimos flamencos de los años dorados del barrio de Santa María. Nieto de una recordada saetera, Paquiqui, se crió con otros artistas del barrio, como Pepe Ruso -que fue su vecino-, Joaquín Alegría o Manuela Gilabert, la hermana de La Perla. Su estilo era bastante ortodoxo ya que no se dejó guiar por las modas de la época que le tocó vivir (encarnadas en artistas como Valderrama, Marchena o Farina) y se interesó por Fosforito, El Gallina y Mairena. Sobre todo por Fosforito, de quien decía que cada disco suyo contenía una antología del cante. También consideraba fundamentales "para lo que vino después" a La Perla, Beni, Chano Lobato y Camarón.

Empezó su carrera artística en Radio Juventud y luego actuó con el cuadro de Bendito y Conchita Aranda y en la Caseta Flamenca de Pepe Roldán, donde coincidió con Gineto. Durante años trabajó como celador en el Hospital Puerta del Mar, hasta que en 2006 sufrió un aneurisma del que fue operado aunque nunca llegó a recuperarse del todo. Antes, a este outsider del flamenco se le pudo escuchar en el Pay-Pay y la taberna Marqués de Cádiz.

Afortunadamente, dejó registrado parte de su arte gracias a la iniciativa de Sean O´Brien, que comenzó a grabarle un disco del que lamentablemente ya no es propietario y del que no se tienen noticias. En esa grabación, Calle Botica, Millán se centró en los estilos netamente gaditanos: alegrías, caracoles, malagueñas, soleá corta y fandangos de Macandé, entre otros.

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