Abellán da una vuelta al ruedo en Valencia que vale como una oreja

  • El hándicap de los toros marcó la tarde con un signo negativo en una corrida que, salvo el paréntesis del quinto, estuvo podrida, viniéndose el festejo abajo

La vuelta al ruedo que dio Abellán en el quinto de la tarde, después de una mayoritaria petición de oreja, vale tanto o más que un trofeo denegado por el presidente, en la tarde de ayer en Valencia, en una corrida marcada en lo negativo por el nulo juego de los toros.

Se soltaron cuatro toros de Los Bayones, flojos, bajos de raza y muy deslucidos, salvándose el quinto, que terminó a más. Y dos de Luis Algarra -segundo y tercero-, sobreros, el primero de ellos fiero e imposible, y el otro en la línea de los titulares.

Curro Díaz: pinchazo hondo y cuatro descabellos (silencio); y cuatro pinchazos y descabello (silencio). Miguel Abellán: tres pinchazos, estocada y descabello (silencio); y casi entera caída (vuelta tras petición que el presidente no atendió, siendo pitado). Antón Cortés: estocada baja (silencio); y pinchazo y estocada caída (palmas en la despedida).

En cuadrillas, El Chano" se desmonteró tras banderillear al segundo, invitando a compartir aplausos a su compañero Pascual Mellinas.

El handicap de los toros marcó la tarde, naturalmente con signo negativo. Una corrida, salvo paréntesis del quinto, podrida. Y es que, si falta el toro, si se cae, o no embiste, todo se viene abajo.

Al primer espada, Curro Díaz, dio impresión de servirle como excusa para justificar su desánimo y falta de ambición. No tuvo toros, se puede decir, pero tampoco él estuvo por la labor.

A Miguel Abellán le hizo pasar verdaderas fatigas su primero, un sobrero de Algarra áspero y violento, incierto y muy complicado. Un toro que en los lances de recibo le levantó los pies del suelo con una tremenda voltereta. Gran susto y momento de mucho apuro. Pero, maltrecho, volvió el torero a la carga para firmar dos verónicas más y una revolera cuyo significado era que aquí quería mandar el hombre. No fue fácil dominar la situación, ya que el toro hacía hilo. Faena sincera, de arrojo y poderío, aunque sin poso artístico. Al quinto, el único toro potable del pésimo encierro. Abellán lo rescató a base de firmeza, con donosura y arrogancia.

Cortés hizo tablas con su parado e insulso primero y estuvo más entonado en el sexto.

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