ARTE

Un ARCO de manual para superar la crisis

  • Ha sido una Feria de Arte Contemporáneo sin sobresaltos, donde las perspectivas de un desastre económico no se han contemplado de manera excesiva

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Hacer un balance de ARCO cuando acabas de salir de los recintos de IFEMA es bastante descabellado. Tal es la saturación de obras que tienes encima -hemos estado dos días durante muchas horas mirando y mirando, contemplando, apuntando, tomando notas y asumiendo lo que estabas mirando- que no te acuerdas absolutamente de nada y ni siquiera lo que has escrito a vuela pluma te sirve de gran cosa. No obstante son muchos los Arcos que uno lleva vividos y existen esquemas que te van marcando el discurso y los registros para ponerlos en orden con objeto de que, después, ustedes sepan a qué atenerse.

Voy a comenzar por aquello que me ha parecido más negativo para acabar con los factores favorables de una Feria que ya está en una madurez cronológica -veintiocho años hacen que la edad adulta sea todo un hecho y tiempo suficiente para marcar un estilo y asentar unas posiciones- y que ha conseguido delimitar un territorio -de esto no estoy tan seguro pues hasta la presente edición no se ha visto una rigurosa, lógica y buena disposición estructural-.

Como aspecto menos afortunado creo que sobresale el poquísimo riesgo que se ha observado. No está el momento social para muchas florituras y el fantasma de la crisis atenazaba, a priori, una oferta que se presentía como problemática. Los galeristas han tirado de sus fondos de ilustres y han dejado para mejores ocasiones -si alguna vez los tuvieron- los discursos avanzados, las extravagancias y todo tipo de novelerías festivas. Había que asegurar el sustento -lo que en roman paladino significa sencillamente llenar la barriga- que ya vendrán tiempos mejores. Craso error, bajo mi punto de vista, pues de lo que se ha presentado, los grandes coleccionistas ya estaban bien surtidos; mejor hubiera sido, de cara a ellos, plantear una historia menos conservadora. No obstante, todo esto ha servido para que el gran público haya podido contemplar la realidad histórica de un arte, nacional e internacional, consolidado y de manual. El otro, apenas ha aparecido y los nombres de siempre han copado unos espacios expositivos con demasiada seriedad y poca alegría. Aspectos estos que benefician a muchos y dejan indiferentes a los amantes de experiencias nuevas.

Otro aspecto desfavorable en la presente edición -o por lo menos no tan patente como en otras ocasiones- ha sido la escasa comparecencia de las instituciones compradoras. Aquellos técnicos de ayuntamientos, de diputaciones o de entidades crediticias que venían amparados por una chequera bien provista, para comprar con dinero de todos, han visto muy reducidos -cuando no, suspendidos - sus presupuestos y, por tanto, anulados sus expectativas y anhelos y sólo han acudido a la Feria a enseñar al concejal o diputado de turno un evento que les sirva para dar más lustre a su currículo cultural.

También se ha notado una apreciable reducción en la asistencia de público. No quiero, con esto, manifestar que a ARCO no haya ido nadie -que siempre existe el puntilloso de turno que asegura que cuando él fue, los recintos estaban llenos a rebosar- pero sí argumentar que, como otros años, las avalanchas de estudiantes, los grupos organizados para la ocasión y todos aquellos que llenaban pasillos y stands, eso este año se ha visto considerablemente mermado con respecto a otras ocasiones. El viernes a media tarde era bastante desolador ver unos pabellones con tan poco público. No fue así el sábado que la cosa se entonó, pero sin llegar, ni mucho menos, a lo de otras ocasiones.

Muy apreciable ha sido la escasísima presencia andaluza. Sólo Rafael Ortiz ha entrado por la puerta grande y era la única galería presente en la parte de los stands oficiales -el término no engrandece, como tampoco empequeñece el haber sido incluido dentro del programa ARCO 40-. Sandunga de Granada y Gacma de Málaga -todavía no me explico muy bien la presencia de esta galería en la feria, con tan pocos años de existencia y con sólo una clara decantación hacia obra seriada- completaban un panorama ridículo para una comunidad con galerías de contrastada solvencia gracias a un trabajo serio y entusiasta -el ejemplo de Alfredo Viñas es, quizás, el más sangrante- Claro que después de las arbitrariedades llevadas a cabo por un comité seleccionador parcial como el existente, formado por los propios galeristas, cualquier cosa nos podemos esperar. Precisamente ese nuevo programa de ARCO 40 -un stand de 40 metros cuadrados para sólo cuatro artistas- es un pastiche inventado por los organizadores para paliar sus despropósitos y dar cabida a las galerías que ellos mismos, antes, habían rechazado o incluir a las que su arbitrariedad considerase oportuna. Aquella presencia andaluza de otros tiempos -los sempiternos Juana de Aizpuru y Pepe Cobo, además de Rafael Ortiz, Félix Gómez, Magda Bellotti, Sandunga, Carmen de la Calle, Milagros Delicado y Alfredo Viñas- se ha visto limitada y sólo la participación de numerosísimos artistas andaluces -Chema Cobo, Jacobo Castellanos, Juan del Junco, Miki Leal, José María Báez, Juan Ángel González de la Calle, Antonio Sosa, Jesús Zurita, Juan Franciscos Casas, Carlos Aires, Ángeles Agrela, Simón Zábell, Curro González, José Miguel Periñiguez, Jesús Palomino, Patricio Cabrera, entre otros- paliaban la comparecencia escasa de nuestras galerías.

Me ha gustado mucho la buena disposición de la Feria en los pabellones 6, 8 y 10 de IFEMA, cosa que es de agradecer ante el manifiesto caos organizativo del año pasado, con aquella laberíntica segunda planta donde cualquier cosa podría aparecer antes del stand deseado. Claridad y espaciosidad es lo menos que se requiere para la contemplación de unas obras de arte; por eso, todos confirmamos que estas son las maneras. Esperemos que dure y no sea sólo una experimentación efímera.

Entrando de lleno en la valoración de ARCO, ya he adelantado la poca apuesta por un arte de avanzadilla. De nuevo, y el fantasma lleva años atenazando demasiado, hemos encontrado una Feria plana con un patrocinio absoluto por lo seguro y por aquellos valores que no ofrecen duda alguna. Lo que se ha visto traducido en unas ofertas impecables donde los nombres importantes del último tercio -incluso de décadas anteriores- del siglo XX prevalecían sobre lo que tiene lugar en el siglo XXI. Por poner un solo ejemplo, creo que bastante esclarecedor, la galería Carles Taché de Barcelona, una de las más importantes de España y capaz de aportar claridad y perspectivas a este panorama, presentaba un soberbio stand, con clásicos modernos, entre ellos un magnífico Jannis Kounellis -una de las obras que más me han gustado- y sólo concedía un guiño a lo más moderno con un extraordinario vídeo del artista linense Juan Carlos Bracho. Así podríamos estar mucho tiempo enumerando una realidad que no tiene vuelta de hoja.

En cuanto a lo que nos pilla más de cerca, Rafael Ortiz presentaba su clásica apuesta de valores importantes en un stand imponente -como es norma de la casa- donde los Miki Leal, los Periñíguez, los Curros González, entre otros, marcaban una pauta de buen hacer artístico. Emilio Almagro de la granadina Sandunga, en ese reducido espacio de los cuarenta metros, nos ofrecía una completísima oferta, con unos extraordinarios Jesús Zurita, unos espléndidos y espectaculares Juan Francisco Casas -con su particular forma de concebir la pintura desde un bolígrafo BIC-, unas piezas divertidas de Carlos Aires y unos contundentes Simón Zábell. Todo un lujo para una galería que ha entrado en ARCO acogiéndose a una modalidad de segunda, cuando su propuesta es muy de Champion.

Me ha parecido muy importante, asimismo, lo presentado por Magda Bellotti, donde un Antonio Sosa se nos ofrecía en plena madurez creativa, así como unas buenas propuestas de Ángeles Agrela -de lo mejor suyo de los últimos tiempos-.

La presencia del arte de la India no me ha dejado indiferente. Era algo desconocido para casi todos y se nos ha presentado como un arte con muchas perspectivas y lleno de emoción, además de dejar una nota de mucha frescura; algo de lo que está necesitada nuestra encorsetada creación.

Hemos asistido, pues, a un ARCO sin sobresaltos, donde la contención ha prevalecido sobre cualquier otro aspecto. Las perspectivas de un desastre económico no se han contemplado de manera excesiva. Casi todo ha sido sometido a un excesivo rigor para que nada pudiese ofrecer duda. Seguimos pensando que ARCO debe ser otra cosa. La imagen de Basilea sigue estando muy lejana.

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