Un voto también para el Supremo

  • El nuevo presidente norteamericano tendrá en su mano la renovación de una parte de la Corte, que tiene el poder de tomar decisiones trascendentales para la sociedad

El próximo presidente estadounidense tendrá la oportunidad de nombrar a uno o más jueces nuevos de la Corte Suprema, un desafío crucial para la nueva Administración pero que permanece en un discreto segundo plano en la campaña para las elecciones que se celebrarán el próximo mes de noviembre.

"La composición de la máxima Corte es uno de los desafíos más importantes de las elecciones de noviembre. Si bien los jueces no pueden hacer bajar los precios de la gasolina o traer de vuelta las tropas a casa, sus decisiones en los años por venir afectarán a casi todo el resto", aseguraba recientemente Dalhia Litwick, una editorialista especializada en asuntos jurídicos.

Sin embargo, el desafío no es el mismo en cada bando: el demócrata Barack Obama no debería poder hacer más que mantener el equilibrio actual entre los cinco conservadores y los cuatro progresistas, mientras que el republicano John McCain puede ayudar a que la Corte se incline totalmente y por mucho tiempo hacia el lado conservador.

Si las decisiones de este año estuvieron en general marcadas por un mayor consenso entre los jueces, especialmente en lo que respecta al derecho laboral o a las discriminaciones en el trabajo, el abismo se mantuvo muy marcado por los grandes temas de sociedad, aprobados generalmente con un voto mayoritario.

Los observadores de la más alta jurisdicción del país concuerdan en que tres de los nueve jueces son susceptibles de jubilarse pronto: John Paul Stevens, de 88 años; Ruth Ginsburg, de 75 años y David Souter, que sólo tiene 68 años pero nunca se adaptó a la capital.

Aunque dos de ellos fueron nombrados por presidentes republicanos, los tres están hoy firmemente anclados en el bloque progresista de la Corte. Barack Obama prometió nombrar a jueces progresistas pero, excepto que ocurra un incidente en la salud de algún otro juez, su labor se podría limitar a remplazar a los salientes por jueces que tengan un perfil similar.

Frente a él, John McCain prometió encontrar a jueces tan conservadores como John Roberts y Samuel Alito, ambos quincuagenarios, cuya nominación en 2005 por el presidente George W. Bush dio un serio golpe de timón hacia la derecha en la Corte.

La Constitución impone sin embargo que toda nominación sea confirmada por el Senado, donde los demócratas parecen estar en condiciones de reforzar su mayoría en noviembre, lo cual promete una dura batalla si es McCain quien deba elegir a los próximos jueces del Supremo.

Por ahora, la configuración de la Corte todavía puede parecer equilibrada en la medida en que uno de los conservadores, el juez Anthony Kennedy, tiene la costumbre de traicionar sus ideas. Este año permitió de esta manera a los progresistas inflingir un nuevo revés a la Administración republicana a cuenta de la base naval de Guantánamo, o prohibir que un violador de niños fuera condenado a muerte, una posibilidad que curiosamente es apoyada por el candidato demócrata.

Las organizaciones conservadoras usaron estos reveses para reafirmar que se necesitaban más "jueces buenos", para que no dependa de Kennedy el voto mayoritario de los conservadores

Los progresistas lanzaron un grito de alerta: "Con cualquier otro de los jueces nombrados por Bush, la decisión probablemente habría ido en sentido contrario", como advirtió la organización People for the American Way, después de la decisión que reconoció a los prisioneros de Guantánamo el derecho a recurrir a la Justicia civil. "Por ello es tan importante que los estadounidenses entiendan que, este año, la Corte Suprema se encuentra también en el centro de las elecciones", agregó la organización defensora de los derechos humanos.

Pero aunque los candidatos de los dos grandes partidos han lanzado muchos comentarios sobre las recientes decisiones de la Corte Suprema, no se espera que haya grandes novedades antes del invierno y es probable que el tema caiga, al menos de manera temporal, en el olvido de los electores.

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