La masacre del viernes incrementa aún más la presión sobre el débil Gobierno paquistaní

  • Washington se impacienta ante el escaso resultado de sus aportaciones contra el terrorismo

La masacre cometida el viernes durante un partido de voleibol en la localidad paquistaní de Shah Hassankhel, que hasta el momento se ha cobrado la vida de 89 personas según los últimos datos, ha incrementado aún más la presión sobre el Gobierno de Islamabad en su lucha contra el terrorismo centrada en acabar con las milicias talibanes paquistaníes, un enfrentamiento al que Estados Unidos ha contribuido con fuertes donaciones económicas a cambio de resultados palpables.

El ataque del viernes en un partido de voleibol es la matanza más sangrienta registrada en los dos últimos años en Pakistán. Los expertos consultados sugieren que los insurgentes relacionados con Al Qaeda se están concentrando en grandes multitudes de civiles para provocar el máximo de víctimas y difundir el terror, en lugar de atacar blancos complejos como las fuerzas de seguridad.

En cualquier caso, la explosión pondrá a los esfuerzos de Pakistán para contener a los cada vez más osados milicianos bajo un mayor escrutinio y provocará la alarma en Washington, que ve a Pakistán como un país clave en el frente de batalla contra los talibanes afganos.

Un día después de que los milicianos hicieran estallar un vehículo deportivo en el campo de voleibol en la aldea de Shah Hassajhel, en el noroeste del país, equipos de rescate y campesinos aún buscan los cuerpos sin vida de las víctimas, cuyo número podría ser mayor en las próximas horas.

"Creemos que hay más cuerpos sepultados entre los escombros y la cifra de muertos podría aumentar", dijo Zahid Mohammad, un campesino, quien estaba entre las decenas de personas que ayudaban a los socorristas, y que denunció la absoluta falta de medios en las tareas de recuperación. "La gente está excavando entre los escombros con sus manos y palas y no hay maquinaria pesada", señaló.

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