La 'revolución verde' de Sarkozy se diluye

  • El proyecto de ley que debía convertir a Francia en pionero en la protección del clima llega al Parlamento descafeinado.

Parques eólicos, peajes a camiones, verduras  de biocultivos en comedores escolares... las ideas se multiplicaron y  el objetivo quedó claro: Francia debía convertirse en pionero de la protección del clima. 

El gobierno negoció durante semanas con sindicatos, empresas y  ecologistas un proyecto de ley que a partir de este martes se discutirá en el  Parlamento y que, según las críticas más benévolas, llega al órgano  muy rebajado, y directamente muerto según las más estrictas. 

La organización Greenpeace hizo un curioso experimento que refleja  esa denuncia: el proyecto incluye 142 veces las palabras "puede" o  "podría", y sólo 16 la palabra "debe". 

"El aumento del escepticismo ecológico es inquietante. La  tendencia se vuelve cada vez más fuerte", advirtieron varios  políticos en una carta abierta dirigida al ministro de Medio  Ambiente, Jean-Louis Borloo. "Un viento malo parece alejar todas las  buenas intenciones". 

La energía eólica, por ejemplo, debía ser un pilar de la nueva  política ambiental. Francia produce actualmente 4.500 megavatios de  este tipo de energía, frente a los casi 20.000 de España. 

En lugar de ofrecer incentivos para la creación de parques  eólicos, sin embargo, el proyecto de ley les fija duros requisitos.  Los parques tendrán que contra por ejemplo con un mínimo de 15  molinos, lo que disuadirá a los pequeños inversores. 

Francia pretendía subir hasta 2020 su cuota de energías renovables  del actual diez a un 23 por ciento. Defensores del medio ambiente  dudan de que ese objetivo pueda alcanzarse. 

También se apuntaba a instalar un millar de nuevos molinos cada  año, pero el lobby contra la energía eólica (que cuenta con poderosos  paladines, como el ex presidente Valéry Giscard d'Estaing) critica  aspectos como su costo o la alteración del paisaje que entraña. 

Entre tanto, la energía atómica no tuvo ningún papel en el debate.  Greenpeace critica, entre otras cosas, que el presidente Nicolas  Sarkozy anunciara el año pasado la construcción de un segundo reactor  atómico EPR sin plantear un debate público. 

Francia exporta además su basura nuclear a Rusia, subraya la  organización. El gobierno insiste en que no se trata de una mera  exportación de residuos, sino que en Rusia se recicla el combustible  nuclear. 

También en otros temas el gobierno renunció a sus planes  originales. Un veto provisorio del maíz transgénico podría levantarse  en breve. El impuesto a camiones y el peaje en el centro de grandes  ciudades quedaron hasta ahora postergados. Y el uso de insecticidas  en la agricultura no se limitó tanto como estaba previsto, debido a  la presión de los campesinos. 

La protección de costas, por su parte, alcanza hasta ahora sólo un  uno por ciento, cuando hasta 2012 se quería alcanzar un diez por  ciento. 

Los ambientalistas están decepcionados con toda la política de  Sarkozy. La fundación de Nicolas Hulot, icono ecologista de Francia,  suprimió recientemente su cooperación con el gobierno. "Ya no hay  consenso político", resumió el diario "La Tribune: "El proyecto está  muerto políticamente".

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