El retorno de los miserables

  • Más de 26.000 mozambiqueños han tenido que volver a su país para escapar de la ola de violencia xenófoba que dejó al menos 50 muertos en Suráfrica

Odete Pinho, una de las más de 20.000 personas que ha tenido que volver a Mozambique para escapar a la ola de violencia xenófoba en Suráfrica, llega a la estación ferroviaria de Maputo entre lágrimas y con un saco de ropa sucia por maleta.

"Mamá, he vuelto, pero lo he perdido todo", le grita emocionada esta joven de 25 años a su madre que la espera en el andén entre una muchedumbre ansiosa que ha venido a recoger a los suyos.

"Sólo quiero ir a mi casa y estar con mi familia. Tengo suerte de volver viva", dijo la joven.

En el andén algunos empujan bicicletas o cochecitos de bebé, y otros cargan alimentos como huevos, pan, aceite y otros bienes escasos o excesivamente caros en Mozambique.

Mientras Pinho lleva sus pertenencias envueltas, otros como Maria Alzarina baja del tren con una bolsa de plástico en la que llevaba una blusa y un jersey como únicas pertenencias.

"Lo he perdido todo", dice la joven, que estuvo viviendo en el barrio periférico de Germiston al este de Johannesburgo, una zona particularmente castigada por los ataques xenófobos que dejaron al menos 50 muertos en Suráfrica.

"Vinieron a mi casa en Germinston, tiraron la puerta abajo y se llevaron todo lo que tenía", dice ahogada en llanto.

Ahora ella quiere vengarse de los surafricanos que viven en Mozambique.

"Tienen que vivir lo que sus hermanos nos han hecho a nosotros", afirma.

El ministro de Asuntos Externos de Mozambique, Henrique Banze, dijo el sábado que cerca de 20.000 personas habían regresado a este país para escapar de la violencia en Suráfrica, donde grupos de personas armadas iban casa por casa buscando a los extranjeros.

Joao Ribeiro, el director de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres del Gobierno mozambiqueño, precisó que se trata de más de 26.000 personas. El Gobierno ha fletado 19 autobuses para ayudar en esta masiva operación retorno.

Los mozambiqueños y zimbabuenses se han llevado la peor parte de la oleada de violencia antiinmigrantes de Suráfrica, donde se les acusa de robar el trabajo y se les responsabiliza de la criminalidad.

Con la crisis que entra en su tercera semana, se espera más regresos, por lo que se han instalado tres centros de tránsito en Maputo, dijo Ribeiro.

Francisco Mabai, de 37 años y propietario de un pequeño comercio, había vivido en Suráfrica durante 17 años antes de decidir escapar. Había obtenido incluso el permiso de residencia permanente.

"Evaluaré bien la situación antes de volver. Esa gente es peligrosa, yo los he visto matar a hombres a patadas o prendiéndoles fuego", dijo Mabai.

Las heridas de sus manos son secuelas de su enfrentamiento con los violentos que pretendían saquear su tienda en Germiston, contó el comerciante.

Abilio Cuna, mecánico de 32 años, tuvo que abandonar a su esposa surafricana y a sus hijos en Johannesburgo.

"He vivido ocho años en Suráfrica e incluso he perdido el contacto con mi familia", relata el hombre, que también se preocupa por la vida que le espera junto a su familia de origen en Inhambane, a 800 kilómetros al norte de Maputo.

"Nunca les llamé por teléfono ni ellos a mí. No sé cómo me van a recibir", dice Cuna, consternado, fumando un cigarrillo barato comprado en la estación.

"Sólo rezo por que no ataquen a mi mujer y a mis hijos. Voy a volver lo antes posible a Suráfrica", explicó.

Mabai, empujando una bicicleta entre la multitud, dijo que nunca se hubiera imaginado convertirse en el enemigo de su país de adopción.

"Nunca hubiese creído que los surafricanos se volvieran contra nosotros". "Pero eso ha sucedido y las autoridades tienen que encontrar una solución inmediata para que podamos volver y continuar con nuestros trabajos", implora.

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