Los rencores hacen difícil la llegada de un pacto en Pakistán

  • El electorado rechazó a Musharraf en las elecciones, pero no concedió la mayoría suficiente a ningún partido, lo que condena a sus líderes a entenderse

Tras la victoria de la oposición en las generales de Pakistán comienzan unas complejas negociaciones para formar Gobierno en un país cuyos principales líderes se guardan profundos rencores personales.

El electorado ha sido unánime en el rechazo a las fuerzas del presidente Pervez Musharraf, pero no ha ofrecido una mayoría suficiente a ningún partido, condenando a sus dirigentes a entenderse para poder formar una coalición de Gobierno.

Es de esperar que Musharraf explote esas diferencias e intente impedir el que sería el peor escenario para su supervivencia política: una alianza entre el vencedor Partido Popular (PPP) que lidera el viudo de Benazir Bhutto, Asif Zardari, y la Liga PML-N de Nawaz Sharif, segunda fuerza en el nuevo Parlamento.

Pero el triángulo paquistaní es complicado: fue Musharraf quien expulsó a Sharif del Gobierno y del país con un golpe de Estado, pero fue Sharif quien metió a Zardari en la cárcel acusándolo de asesinato y corrupción, aunque Musharraf tampoco lo liberó cuando llegó al poder sino que siguió levantando cargos contra él.

"Por el bien del país, deben olvidar el pasado y concentrarse en el futuro", dijo el juez Wajihuddin Ahmed, quien en octubre compitió con Musharraf por la Presidencia y ayer se mostró optimista de la capacidad para entenderse entre el PPP y la PML-N.

Aparte de la mala relación entre Zardari y Sharif, ambos tienen diferentes agendas políticas.

Sharif quiere expulsar del poder a Musharraf y acabar con su "dictadura", pero el PPP no descarta negociar con él, aunque ayer su portavoz, Farhatullah Babar, desmintió una filtración de fuentes oficiales según la cual el viudo de Bhutto recibió el martes a enviados del presidente.

Según esta versión, Musharraf le pidió a Zardari que no se aliara con Sharif y le ofreció apoyo para su más probable candidato a primer ministro, Amin Fahim.

Babar lamentó que Musharraf haya conseguido un Parlamento que califica como "manejable", frustrando una mayoría absoluta del PPP (88 de 272 escaños) con un "fraude electoral selectivo".

El PPP reunió ayer a su directiva para analizar a sus posibles socios, después de que Zardari hablara por teléfono con líderes de partidos minoritarios y antes de su reunión de hoy con Sharif. Babar descartó un acuerdo con la Liga Musulmana-Q (PML-Q) que apoyó a Musharraf los últimos años y que será la tercera fuerza del nuevo Parlamento con 42 escaños.

"La Liga-Q ya no es un partido político", matizó el portavoz, muy crítico con su directiva aunque no tanto con Musharraf, con quien el PPP decidirá "más adelante" si tiene algo de qué hablar.

En Pakistán, muchos esperan una progresiva desintegración de la Liga-Q, una partido que nació del golpe de Musharraf apropiándose del nombre y buena parte del voto de la Liga del exiliado Sharif.

Dado que en Pakistán se vota a candidatos por circunscripciones y no a una lista cerrada de partido, una eventual desbandada de la PML-Q reforzaría la bancada de Sharif (65 diputados) y le daría posibilidades de gobernar si logra atraer también a alguno de los 33 "independientes" que han logrado escaño.

La Liga-N, de momento, ha puesto su empeño en una coalición con el PPP, invitando también a ella a otras fuerzas minoritarias.

Su portavoz, Ahsan Iqbal, dijo ayer a una cadena de televisión que los dos grandes partidos tienen la "responsabilidad de trabajar juntos" para que Pakistán pueda hacer una "transición tranquila a una democracia genuina".

La Liga-N no descarta una cooperación desde la oposición, afirmó Iqbal, que subrayó que el partido no va a "comprometer sus principios sólo por entrar en el Gobierno".

"Ni a Sharif ni a Zardari les interesa separarse. El que se acerque a Musharraf, pierde", declaró una fuente diplomática, para quien las elecciones del lunes fueron un plebiscito que el presidente ha perdido.

Aunque el pueblo ha dejado claro con su voto que está "harto de los mulás" y ha "confirmado el giro estratégico" que dio Musharraf tras el 11-S, al presidente sólo le aguarda ya "un dorado exilio", según esta fuente, que concluyó con un contundente "Musharraf no ya controla su propio destino".

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