Todo huele mal en Nápoles

  • Silvio Berlusconi se juega gran parte de su credibilidad con las medidas adoptadas para solucionar el problema de la acumulación de basuras en la ciudad sureña

En una Nápoles blindada, el nuevo Gobierno de Silvio Berlusconi inauguró su mandato esta semana adoptando una serie de medidas urgentes y severas para resolver el problema de las basuras que agobia el sur de Italia y garantizar la llamada "seguridad" ciudadana.

El "puño de hierro" del Gobierno conservador, como lo calificó el diario La Repubblica, tiene como objetivo restaurar la legalidad y el control del territorio, para resolver ante todo la situación de emergencia que sufre la ciudad de Nápoles desde hace más de una década.

Una situación generada por un engranaje perverso que involucra disputas políticas, corrupción, mafia napolitana, protestas por los nuevos vertederos y, sobre todo, una gestión ineficaz de los administradores locales.

Para hacer frente a este inverosímil fenómeno, Silvio Berlusconi declaró a los vertederos zonas militares y amenazó con encarcelar con hasta un año de prisión a toda persona u organización que bloquee o dificulte el uso de las nuevas zonas de recolección de desechos.

"Estoy aquí en Nápoles para decir que existe el Estado, que el Estado debe actuar con fuerza y autoridad", dijo el magnate de las comunicaciones, en un mensaje dirigido tanto a los habitantes de los barrios periféricos como a la mafia napolitana, la Camorra, acusada de haber descargado legal e ilegalmente, durante años y a muy bajo precio, millones de toneladas de residuos tóxicos provenientes de media Europa.

"Comenzar desde Nápoles es una manera de recalcar los errores de sus rivales de centro izquierda, pero al evitar decirlo demuestra que Berlusconi es consciente de que corre como ellos el riesgo de fracasar", escribió en un editorial el influyente diario Il Corriere della Sera.

"Estamos seguros de que Nápoles volverá a florecer", prometió Berlusconi para lo que ha querido mostrar un nuevo rostro de estadista realista y ha pactado una alianza con los administradores municipales de centro izquierda que en gran parte han aprobado el plan del Gobierno conservador.

La creación de un total de siete nuevos vertederos en la región de Nápoles, cuya ubicación precisa no fue divulgada para evitar protestas, y la construcción de cuatro plantas incineradoras modernas de última generación para el tratamiento de las basuras de toda la zona son los puntos claves del plan gubernamental presentado el miércoles.

Un mes de plazo ha sido el tiempo concedido a las alcaldías menores para que presenten un plan "creíble" para la recolección diferenciada de basuras, otro factor clave para la resolución del problema, de lo contrario intervendrá el hombre fuerte del gobierno, el director de la Protección Civil, Guido Bertolaso, al que le han otorgado enormes poderes de actuación.

Un tribunal único se encargará de todos los delitos relacionados con la inmundicia y los magistrados antimafia sólo podrán intervenir por delitos relacionados con la criminalidad organizada, para evitar extrañas interferencias judiciales.

"Son medidas que en buena parte aprobamos", admitió el militante del Partido Democrático y ecologista Ermete Realacci, ministro del gobierno en la sombra de la oposición.

Menos satisfechos han quedado los movimientos antiglobalización y de los barrios populares, sumergidos aún por dos mil toneladas de basuras, ya que temen la apertura de vertederos cerca de los centros urbanos debido a las consecuencias nefastas que pueden acarrear a la salud de las personas.

"Nadie nos escucha, Berlusconi nos declaró la guerra civil", sostiene una señora de Chiainano, un pueblo que se encuentra entre las localidades más afectadas por el elevado número de personas con cáncer.

"Las medidas aprobadas son inquietantemente autoritarias y peligrosas", advirtió preocupado Franco Giordano, ex secretario del Partido de la Refundación Comunista, uno de los grandes derrotados de las elecciones de abril.

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