La guerra olvidada de Yemen

  • El conflicto en el remoto país se ha convertido en un foco de inestabilidad para la zona y en un nuevo refugio para grupos terroristas cercanos a Al Qaeda

Mientras el mundo dirige sus ojos hacia Iraq o Próximo Oriente, en otras regiones se desarrollan conflictos de dimensiones similares que pasan inadvertidos. Hace meses que se advierte de la inestabilidad reinante en Yemen, que se ha convertido en refugio de extremistas como ocurrió en su momento con Afganistán.

Pero, a pesar de todo, se han tomado pocas medidas para evitar la intensificación de este conflicto, limitadas a gestos humanitarios aislados o al aumento de la ayuda al desarrollo norteamericana para ese país.

En Yemen se registran muertos cada día y miles de civiles se encuentran entre dos fuegos. El Gobierno emprendió el 11 de agosto su sexta ofensiva militar contra los rebeldes chiíes liderados por Abdulmalik al Houthi en el noroeste del país. Allí muchos refugiados carecen de ayuda, los periodistas tienen vetada la entrada y se registran combates regularmente desde 2004.

Mientras tanto, en el sur se alzan reclamaciones para la división del país. Los yemeníes del sur se sienten discriminados por el gobierno de Sanaá y se quejan de recibir menos ayudas estatales que los ciudadanos de otras zonas del país.

Grupos cercanos a la red de Al Qaeda se han instalado en varias provincias en las que el Gobierno ha perdido el control. El asilo del mundo árabe se ha transformado también en lugar de retirada para supuestos terroristas de la vecina Arabia Saudí en los últimos años. "Si no se afrontan los problemas de Yemen, eso podría llevar a la desestabilización de Arabia Saudí y otros países del Golfo", advertía la Fundación Carnegie para la Paz Internacional.

Con la ofensiva contra los rebeldes chiíes en Saada, el presidente Ali Abdullah Salih intenta al menos recuperar el control en el noroeste. Para ello recibe el apoyo de Arabia Saudí, que teme que la influencia de los chiíes en esa región fronteriza aliente a la minoría chií dentro de su territorio. Por su parte, Irán simpatiza con los rebeldes de Houthi que han llegado a presentarse con el lema "Muerte a América, muerte a Israel".

"Cada día crece la convicción de que la guerra en Saada no es una guerra yemení, sino una guerra irano-saudí", comentaba el diario Yemen Post recientemente.

Los rebeldes han ofrecido un alto el fuego, pero el Gobierno no quiere terminar la ofensiva hasta que entreguen las armas, algo que éstos rechazan. Por tanto no es previsible que los combates cesen pronto en Saada y la cercana Amran. "Los terroristas, saboteadores e insurgentes rechazaron todas las ofertas de paz. Los seguidores del líder rebelde Abdulmalik Al-Houthi sólo tienen un objetivo: convertir a un miembro de su comunidad religiosa en gobernante de Yemen, como antes de la revolución de 1962", señaló el presidente yemení Ali Abdullah Salih.

"El único objetivo de la ofensiva es matar o expulsar a la gente", escribió el líder rebelde esta semana en una carta al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Su hermano Jahja al-Houthi, residente en Alemania, ha criticado públicamente la ayuda de 121 millones de dólares que Estados Unidos ha ofrecido a Yemen. "Estados Unidos llama a ese dinero ayuda al desarrollo, pero es empleado para comprar armas y pagar a tribus encargadas de matar a otros yemeníes".

El Gobierno de Sanaá intenta presentar su ofensiva contra los rebeldes como parte de la lucha internacional contra el terrorismo. Pero lo cierto es que los combates impiden que continúe la búsqueda de una familia alemana secuestrada en junio en la región, debilitan la lucha contra los piratas somalíes en el Golfo de Adén y provocan, con la concentración de fuerzas en la zona, que falten los efectivos para luchar contra Al Qaeda. Por ello se teme que Yemen se convierta pronto en un lugar sin ley en el que se podrían instalar campos de entrenamiento para terroristas y se podrían planear nuevos atentados, en caso de que la comunidad internacional no intervenga.

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