Un agridulce primer aniversario para Sarkozy

  • Excesos mediáticos, polémicas y falta de resultados concretos pese a la marea de reformas lastran la popularidad del líder francés un año después de acceder a la Presidencia.

Nicolas Sarkozy se convirtió el 6 de mayo de 2007, a sus 52 años, en el vigésimo tercer presidente de la República francesa con un contundente 53% de los votos de un electorado deseoso de ver a Francia salir del inmovilismo en el que la era Chirac había sumido al país.

Doce meses después, los excesos mediáticos, su afición a los golpes de efecto, las polémicas y la falta de resultados concretos para mejorar el nivel de vida de los franceses lastran la popularidad de un presidente a la baja que ha defraudado las expectativas y ha intentado, en vano, recuperar el corazón de sus conciudadanos durante una entrevista retransmitida desde el Elíseo el pasado 24 de abril.

Sarkozy admitió "errores" sin ceder en su determinación para seguir adelante con su ambicioso plan de reformas y exhibió en el transcurso de la charla con los periodistas un estilo más sobrio y sosegado de lo que su enérgico caracter le suele dictar a la hora de dirigirse a los franceses.

En tan sólo un año de estancia en el Elíseo, Sarkozy se ha convertido en el primer presidente francés en ejercicio que se divorcia y se casa, en el jefe del Estado con una tasa histórica de impopularidad y en la persona a la que un 55% de franceses no quieren ver como candidato en las elecciones presidenciales de 2012. El 60% de la opinión pública considera, en definitiva, un fracaso este primer tramo.

La 'ruptura' para la que fue elegido se ha reflejado más en su estilo de ejercer la presidencia y en su afán de protagonismo que en el terreno político. Espontáneo y sin el autocontrol que los franceses esperan de un hombre de Estado, ha protagonizado numerosas polémicas, la más famosa el pasado 23 de febrero en el Salón de la Agricultura de París cuando llamó 'pobre gilipollas' a un hombre que se negó a estrechar su mano.

Meses antes, en noviembre, en el pueblo bretón de Guilvinec se enzarzó en una trifulca con un marinero que le insultó y Sarkozy le retó con un 'Baja aquí si tienes algo que decir'. Y en octubre, dos semanas antes de anunciarse oficialmente el divorcio de su esposa Cécilia, Sarkozy abandonó, cabreado y llamando 'imbécil' a su jefe de prensa, el plató donde era entrevistado por una periodista de la CBS que le preguntó por su relación con su mujer.

También ha sido mal vista su relación con los poderosos y su afición al lujo y a la ostentación. De hecho, las primeras críticas le llueven a Sarkozy al día siguiente de su elección, porque decide pasar unos días de descanso en Malta a bordo del yate del millonario Vicent Bolloré.

La decisión de subirse el sueldo en un 140% genera un alud de protestas en un país que no logra mejorar su nivel adquisitivo y donde los precios de los productos básicos son mucho más altos que en la mayoría del resto de Europa.

A ello hay que sumar los golpes de efecto. El primero, la liberación en julio gracias a la visita a Trípoli de Cécilia Sarkozy, de las enfermeras búlgaras y el médico palestino encarcelados en Libia desde 1999. El segundo, el 4 de noviembre, cuando viaja al Chad y se apunta el tanto de devolver a Madrid a las azafatas españolas detenidas por el asunto de la ONG francesa 'El Arca de Zoé'.

Sarkozy ha sido también sancionado por su frecuente aparición en la prensa rosa, que alcanzó su mayor cota cuando aireó su romance con la cantante y ex modelo Carla Bruni, con quien paseó por Egipto y Jordania el pasado diciembre.

El diario 'Libération' acuña la expresión 'presidente bling-bling' (término que alude a la ostentación de la riqueza que hacen los raperos) para referirse al gusto por los Rolex, las Ray-Ban, las vacaciones de lujo y los arrebatos de cólera pública de Sarkozy. El término 'bling-bling' se incorpora desde entonces al vocabulario habitual de la prensa para aludir a esta faceta del presidente.

Pero, con todo, el fondo del malestar en Francia sigue siendo la falta de avances en materia económica y social. Elegido como el presidente del poder adquisitivo de los franceses, defensor de la revalorización del trabajo, dispuesto a acabar con la jornada laboral de 35 horas implantada por los socialistas, el lema de 'trabajar más para ganar más' tan repetido por Sarkozy no acaba de hacerse realidad.

La economía francesa no crecerá más del 1,8% en 2008, según las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) que el Gobierno francés considera excesivamente pesimistas y Francia se arriesga seriamente a recibir una advertencia de Bruselas por rozar el 3% del déficit público, el límite permitido por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC) de la UE.

Es cierto que la crisis financiera, la escalada del precio del petróleo y de las materias primas y la fortaleza del euro -a la que Sarkozy culpa de frenar las exportaciones de las empresas europeas- no estaban en la hoja de ruta del candidato Sarkozy cuando ganó las presidenciales. Pero el plan de reformas más o menos liberales para reactivar la economía tiene dificultades para arrojar resultados y su puesta en marcha se topa en ocasiones con la resistencia de muchos colectivos.

No obstante, el presidente galo ha logrado sacar adelante la reforma de los regímenes especiales de jubilación pese a la resistencia sindical que tuvo al país en octubre nueve días sin transporte público durante una dura huelga para forzar al Gobierno a dar marcha atrás. 

También cuenta en su haber el relanzamiento de la Unión Europea, sumida en una parálisis institucional desde el 'no' francés a la Constitución europea, al haber propuesto con éxito un Tratado simplificado que París ya ha ratificado vía parlamentaria.

En el ámbito internacional, recuperó la relación con Estados Unidos, dañada desde que su predecesor, Jacques Chirac, encabezara la oposición europea a la guerra de Iraq, y abierto Francia a los países del Este. Sarkozy anuncia en la cumbre de la Alianza Atlántica celebrada en Bucarest el regreso de Francia a la estructura militar de la OTAN y confirma el refuerzo del contingente francés en Afganistán, un anuncio que hace en el Parlamento británico y no en la Asamblea nacional provocando el enfado de la oposición.

Un giro que se le ha reprochado en la Francia garante de laicismo republicano es la introducción del concepto 'laicismo positivo' que Sarkozy deslizó con motivo de su visita oficial a Roma en diciembre y luego ratificó en Riad durante un discurso plagado de referencias a la religión y el Estado.

El año 2008 no recibe con buenos augurios a Sarkozy, que sigue cayendo en picado en los sondeos. Paralelamente, proliferan las tensiones entre el Elíseo y la oficina del primer ministro, François Fillon, que supera al jefe del Estado en popularidad.

En ese contexto poco favorable se celebran unas elecciones municipales que, a mediados de marzo, certifican el divorcio del presidente con la opinión pública francesa. La UMP sufre una severa derrota en las urnas arrastrada por la mala imagen del presidente y los conservadores pierden la dirección de casi todas las grandes ciudades, salvando a duras penas el bastión de Marsella. 

Este castigo obliga a Sarkozy a cambiar de imagen y a "presidencializar" más su estilo. Adiós a la mediatización de su vida privada (se casa con Bruni discretamente en el Elíseo el 2 de febrero) menos 'bling-bling' y apariciones públicas más simbólicas. Sarkozy procede a un ligero retoque en el equipo de Gobierno y recupera un esquema más tradicional. 

Pero cuando el jefe del Estado parece mostrar aire de serenidad, aparecen una serie de estridencias en el Ejecutivo por errores de comunicación y el anuncio precipitado de medidas que luego serán retiradas o matizadas, generando una amplia sensación de confusión.

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