Obama pierde el brillo de ganador

  • El mensaje de cambio y esperanza repetido por el candidato demócrata por Illinois pierde fuerza entre su electorado, que le resta apoyo con respecto a la intención de voto de comienzos de campaña

Su mensaje de cambio parece ahogado en el ruido, sus gestos serios son más frecuentes que sus sonrisas y su luna de miel con los medios es cosa del pasado. Barack Obama sigue siendo el gran favorito para ser el candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, pero su prístina imagen de hace dos meses carece ahora del brillo de antes que le daban el carisma que ahora parece perdido.

La incansable campaña de Hillary Clinton, para algunos corajuda, para otros obstinada, logró hacer bajar a la tierra a un candidato que por momentos levitaba por encima del bien y del mal. Obama está ahora a la defensiva, y por ejemplo se negó a aceptar más debates con su rival.

Por un lado estuvieron las derrotas en las urnas. Cada vez que la senadora por Nueva York estaba contra las cuerdas, logró importantes victorias que le dieron aire para seguir en la carrera. Texas, Ohio y Pensilvania, los tres mayores estados en votar desde el Supermartes 5 de febrero, se decantaron por Clinton contra pronóstico de todas las encuestas.

Entre los analistas comenzaron a circular las dudas. Si las matemáticas dicen que tiene prácticamente asegurada la nominación como candidata demócrata, ¿cómo es posible que no sea capaz de dar el golpe de gracia a la lucha?

Por otro lado, los derechazos electorales que antes resbalaban por su cara comenzaron a hacerse notar en su mandíbula.

Sus escarceos de juventud con las drogas, por ejemplo, se volvieron en su favor hace unos meses al presentarlo como un candidato humano y con los pies en la tierra.

Ahora sin embargo, cualquier detalle parece estallarle en la cara, como ocurrió en el debate en Filadelfia el 16 de abril. Durante 45 minutos, el primer afroamericano que ve la luz de la Casa Blanca al final del túnel electoral apenas habló de "cambio" o "esperanza", palabras que hasta ahora eran recurrentes en su discurso.

Titubeante y apocado, se dedicó a dar explicaciones sobre su polémico pastor, el reverendo Jeremiah Wright, la relación con un antiguo terrorista que fue vecino suyo en Chicago y su polémica definición de los habitantes de la Pensilvania rural que calificó de "resentidos".

Desde entonces, Obama no consiguió sacudirse la polémica. En los últimos días, fueron más las voces que hablaron de los flancos débiles del senador por Illinois que de sus puntos fuertes. Medios y analistas cuestionan abiertamente la capacidad de juicio de Obama: si no es capaz de seleccionar a sus amistades, ¿cómo va a elegir adecuadamente cómo manejar el país más poderoso del mundo?

La gota que colmó el vaso fue la reaparición del mencionado reverendo, un fantasma que Obama no supo enterrar hace un mes y medio, cuando se presentó por primera vez con sus sentencias antiestadounidenses y racistas contra los blancos.

"Le concedí el beneficio de la duda", afirmó con tono apologético el martes. La ruptura con su reverendo en las últimas dos décadas llegó para muchos tarde para muchos estadounidenses, demasiado tarde.

"Esto es terrible, absolutamente horrible", citó el diario The Washington Post a un prominente seguidor de Obama. "No investigué a mi pastor cuando decidí presentarme", afirmó el candidato. "En una campaña en la que todo se basa en quién está probado, quizá debería haberlo hecho", escribió la columnista del New York Times, Maureen Dowd.

El aspirante de 46 años asegura que se trata de "distracciones", pero el tratamiento de cincel a su carisma está haciendo mella en el electorado. Una encuesta publicada el jueves por The New York Time confirma que el senador por Illinois está perdiendo fuerza: el 69% de los demócratas que le veían como el seguro candidato de su partido a las elecciones de noviembre, se redujo en menos de un mes al 51%.

Los números, a pesar de todo, siguen estando de su lado. Llegando a las primarias de Guam el sábado, y en Indiana y Carolina del Norte el martes, Obama tiene una casi insuperable ventaja en delegados y en voto popular, y prácticamente ya igualó a Hillary Clinton en el recuento de superdelegados.

Pero el problema no es ya tanto la amenaza de Clinton, sino el largo camino hacia el choque de noviembre con el candidato republicano John McCain. Obama ya no es el mesías, el "nuevo Kennedy", el hombre capaz de revivir "los valores que hicieron grande a Estados Unidos". A los ojos de los votantes, parece progresivamente un político como los demás.

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