Morales afronta el referéndum en un clima de confrontación política

  • La consulta de ratificación del líder boliviano estará marcada por la polarización entre el proyecto centralista del presidente y el autonomista de sus opositores

En plena crisis política y en un ambiente de división comparece el presidente de Bolivia, Evo Morales, en el referéndum en el que someterá su cargo a la voluntad popular. Junto al líder boliviano, nueve prefectos aspiran igualmente a ser ratificados en sus cargos en una jornada originalmente convocada para sacar al país de una difícil situación política que, sin embargo, parece haberse agravado por la consulta.

A tan solo unas horas de que se celebre, el país andino vive una atmósfera de tensión por el enfrentamiento creciente entre el Gobierno de Morales y seis de los nueve departamentos del país, que desafían su proyecto indigenista y estatista. El mismo clima que llevó hace sólo unos días a admitir al Gobierno que el territorio estaba "en el umbral de un golpe de Estado".

Pese a todo, y según un sondeo publicado a comienzo de esta semana, Morales no debería tener problemas para superar el referéndum, pero igual pasa con sus adversarios más caracterizados, entre ellos el prefecto de Santa Cruz, Rubén Costas, convertido en el principal opositor de Morales. La polarización en Bolivia es tal que el presidente no pudo viajar en los últimos días a cuatro departamentos, donde sus detractores tomaron los aeropuertos para evitar su presencia.

Tres de los nueve prefectos llegan además a la consulta en huelga de hambre, en protesta contra el Gobierno por algunos recursos que fueron arrebatados a los departamentos, mientras que mineros, maestros y minusválidos, muy activos esta semana, se dieron una tregua pero ya han anunciado que volverán a hacerse escuchar a partir de mañana.

Según los analistas, el presidente busca con el referéndum consolidar un poder que se ha ido diluyendo en las regiones opositoras. "Desde hace un año recibe golpe tras golpe y ahora quiere tomar la iniciativa", asegura un diplomático europeo en La Paz.

Para la oposición, la consulta constituye un problema porque puede potenciar al presidente y algunos aliados se pueden perder en el camino. "La oposición ha querido impedir el referéndum y busca quitarle credibilidad y deslegitimarlo", explica el sociólogo francés Franck Poupeau, experto en Bolivia.

Diversos analistas han advertido varias grietas en la consulta, empezando por las dudas que existen sobre su legalidad, ya que la consulta no pudo ser avalada por el Tribunal Constitucional (TC), desmantelado desde comienzo de año por la renuncia de cuatro de sus cinco miembros. Silvia Salame, la única integrante del TC en funciones, defendió la anulación del referéndum. Según la ley de convocatoria, para que el presidente sea revocado debe de haber una votación superior al 53,74% que obtuvo en 2005.

El mecanismo opera de la misma manera para los prefectos (que fueron elegidos con porcentajes que varían de 38 a 48%), aunque una interpretación de la Corte Nacional Electoral (CNE) señala que para revocarlos se requiere más de un 50% de noes. Las diferencias entre la ley de convocatoria y la CNE podría convertirse en un problema. Existe la posibilidad de que en algún departamento, un prefecto sea revocado según la ley pero no según el concepto de la CNE.

La preocupación sobre la situación en Bolivia llegó a la ONU, donde el secretario general, Ban Ki-moon, llamó a "todos los actores políticos y sociales de Bolivia a garantizar un clima pacífico en el proceso", según dijo su portavoz, Michele Montas.

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