Mayoría y oposición toman las calles de Beirut y muestran su fuerza

  • Hezbolá recuerda a Israel que está preparado para una guerra abierta

La capital libanesa fue escenario el jueves de dos imponentes manifestaciones de duelo en dos barrios distintos de Beirut, en la que la mayoría parlamentaria y la oposición mostraron su poder de convocatoria y escenificaron el momento de extrema tensión que vive el país.

En ningún momento coincidieron los opositores que lloraban al líder de Hezbolá Imad Mugniye, asesinado en la noche del martes con un coche bomba en Damasco, con los que recordaban el tercer aniversario del asesinato del ex primer ministro Rafic Hariri.

La policía había separado escrupulosamente el recorrido de una y otra manifestación para que sus participantes no coincidieran en ningún momento y, además, había prohibido el estacionamiento en el centro y la circulación de motos y camiones, todo ello para evitar un nuevo atentado.

Fueron en los dos casos cientos de miles de personas los que salieron a las calles desafiando a la lluvia de una jornada típicamente invernal en la que los paraguas se mezclaron con las banderas del país y las amarillas de Hezbolá.

Los funerales por Mugniye, que según Hezbolá ha sido asesinado por Israel -aunque el gobierno de ese país lo niega-, sirvieron además para escenificar la alianza de este movimiento con sus mentores de Irán, ya que el propio ministro de Exteriores de ese país, Manuchehr Motaki, asistió a las exequias.

Motaki traía un mensaje del presidente de su país, Mahmud Ahmadineyad, quien recordó que "este crimen se convertirá en una mancha vergonzosa en la historia del sionismo", pero finalmente no conseguirá sino "acortar la era de los criminales".

A Motaki le sucedió en el estrado Hasan Nasralá, secretario general de Hezbolá, que prodiga muy poco sus apariciones públicas por seguridad y que hoy aprovechó para recordar a Israel que su grupo está dispuesto a emprender una guerra abierta.

"En cualquier guerra próxima, quienes os esperarán no será sólo un Imad Mugniye, sino decenas de miles de combatientes que están esperando el martirio", proclamó Nasralá.

El cortejo fúnebre con el féretro de Mugniye, cubierto con la bandera amarilla de Hezbolá y no la libanesa, fue trasladado en un interminable cortejo fúnebre por las calles del sur chií de la capital.

Los cientos de miles de acompañantes iban precedidos por milicianos de Hezbolá en uniforme que desfilaban a paso marcial, dejando patente el rango militar que Mugniye tenía en el movimiento (se le consideraba jefe del ala militar).

Nasralá dedicó unas palabras de desprecio a los líderes de la mayoría parlamentaria libanesa, que horas antes habían congregado también a una ingente multitud en el centro de la ciudad, diciendo que se habían dedicado a "proferir insultos".

"Líbano nunca será israelí ni americano, ni se dividirá, ni será federal. Quien quiera un divorcio, que se vaya a Washington o a Tel Aviv. Líbano siempre será el país de la unidad nacional, la resistencia, el martirio y la victoria", dijo Nasralá dirigiéndose a sus adversarios.

En la Plaza de los Mártires se había congregado horas antes la coalición llamada "Fuerzas del 14 de marzo" para escuchar a sus líderes, que hablaron desde una tribuna con protección anti-balas y bajo una intensa lluvia.

El druso Walid Yumblat, el suní Saad Hariri (hijo del ex primer ministro asesinado) y los falangistas Samir Geagea y Amin Gemayel acusaron una y otra vez a Siria de desestabilizar al país y de tratar de imponer un nuevo mandato sobre el Líbano.

Sin nombrar a Hezbolá, que se ha convertido en la auténtica "bestia negra" de la mayoría parlamentaria, Yumblat dijo que su coalición nunca se rendirá "ni se someterá al tercio del veto".

Con ello dejaba claro que en ningún caso están dispuestos a permitir que Hezbolá y sus aliados gocen en un eventual gobierno de unidad nacional de un tercio de las carteras, que les permitiría bloquear las decisiones de importancia. Esa es precisamente la condición que Hezbolá pone para sacar al país del bloqueo político.

A las 12,55, hora de la muerte del suní Rafic Hariri, los presentes guardaron un momento de silencio, mientras que las campañas de las iglesias replicaban y desde los alminares de las mezquitas se difundían cánticos religiosos.

Más al sur, también los cantos religiosos acompañaron al féretro del chií de Mugniye, poniendo de manifiesto hasta qué punto la religión impregna el embrollado conflicto libanés.

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