Armas que no dejan de matar

  • Comienza en Dublín una conferencia para intentar que se prohíba la producción y el uso de las bombas de racimo, algo a lo que se oponen EEUU, Rusia, China e Israel

El horror atrapa en sueños con frecuencia al joven afgano Soraj. Jugaba durante un picnic familiar con su primo cuando una explosión acabó con la diversión: su primo murió desangrado y él se quedó sin piernas. Tenía diez años cuando fue víctima de una bomba de racimo, un destino que comparte con miles de personas.

Hoy, Soraj quiere hablar de su experiencia en una conferencia en Dublín ante representantes de más de 100 países en la que se pretende avanzar hacia la prohibición internacional de las bombas de racimo, que los expertos consideran las armas "más traidoras" de nuestro tiempo.

Sin embargo, hay oposición a acabar con ellas. Sobre todo Estados Unidos intenta "con fuerza evitar una prohibición vinculante de las bombas de racimo o aguar un acuerdo", asegura Francois de Keersmaeker, director ejecutivo de la organización humanitaria para personas con discapacidad Handicap International, que pertenece a los miembros de la Coalición Mundial contra las Bombas de Racimo (CMC).

Esas bombas suponen un peligro mortal actualmente para la población en unos 30 países. "Casi el 98% de las víctimas conocidas proceden de la población civil, y un cuarto de ellos son niños", cuenta De Keersmaeker. Las bombas de racimo dispersan cientos de cuerpos explosivos sobre enormes superficies, donde matan arbitrariamente.

Lo que las hace especialmente peligrosas para los civiles es su alto índice de granadas no estalladas. Los críticos calculan que hasta el 40 por ciento de la munición de racimo no explotó hasta el momento. Las granadas sin explotar se quedan en esquinas y praderas o al borde de las carreteras, enredadas en árboles o arbustos y esperan a sus víctimas, que sin querer despiertan su poder mortal con un simple contacto.

"Las bombas de racimo son armas que no dejan de matar", explica Jakob Kellenberger, presidente del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR). Alemania está a la cabeza de los países a favor de la prohibición con un acuerdo internacional al ejemplo de la proscripción de las minas antipersona.

En Dublín se negociará sobre el texto concreto para esa prohibición, que debe estar listo antes del 30 de mayo.

La conferencia podría dar mucho de sí entre bastidores. Estados Unidos, que en los últimos meses realizó un despliegue diplomático para disuadir a los participantes en la conferencia de dar su apoyo a favor de una prohibición total, no son los únicos que reclaman una "necesidad militar permanente" para apoyar la existencia de la munición de racimo.

También Rusia, China, Pakistán e Israel quieren poder seguir produciendo esas armas.

La ofensiva israelí en el Líbano en verano de 2006 mostró ya el peligro que representa para los civiles esa munición. Las fuerzas aéreas israelíes dejaron en el país más de un millón de bombas de racimo y granadas sin estallar, según datos de la organización humanitaria Human Rights Watch.

"La munición producida por Israel tiene una cuota sin estallar de alrededor del 10%", explica De Keersmaeker. "Y de esa munición, en parte producida con permiso, dispone también el Ejército alemán".

Sin embargo, Alemania mostró su objetivo de lograr un desarme total de la munición de racimo, una iniciativa que partió de Noruega, en cuya capital Oslo ya debatieron la cuestión 46 estados en febrero de 2007, donde se acordó lograr un acuerdo de prohibición antes de finalizar 2008.

Para las negociaciones en Dublín, Berlín presentó un plan de tres fases que, según diplomáticos alemanes, apoyan numerosos países.

El plan prevé como medida inmediata la mejora de la protección de la población civil. Después debe lograrse una prohibición global y la destrucción de todas las armas de ese tipo, bajo condiciones y con un plazo de transición mayor. Y finalmente debe aumentarse la ayuda a las víctimas como Soraj.

Después de que la bomba le dejara lisiado, el joven, que hoy tiene 18 años, afirma que "nuestra familia no volvió a ser como antes".

Su mayor deseo es ahora es poder encontrar un trabajo pese a su discapacidad sobrevenida un fatídico día.

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