Amagos de sublevación en Kosovo

  • Varios líderes serbios incumplen su compromiso de no recurrir a la violencia incitando a la población a que se rebele cuando sólo han pasado tres días desde la declaración unilateral del nuevo Estado

El nuevo Estado de Kosovo ya ve peligrar su existencia cuando sólo han pasado tres días de su fundación. "Son los primeros pasos hacia una división", comentaron a media voz diplomáticos occidentales en Pristina sobre las acciones violentas protagonizadas por los serbios en el norte del país. Sin tapujos, el ministro serbio para Kosovo, Slobodan Samardzic, se posicionó respaldando la destrucción de dos pasos fronterizos, que consideró "legítima", porque no debe haber fronteras entre la "república madre" Serbia y el norte de Kosovo. "No lo permitiremos", añadió, "tenemos que evitarlo con antelación".

Anteriormente, el dirigente serbio Marko Jaksic advirtió a la población que está prohibido cualquier tipo de contacto con la administración de la ONU en Kosovo, la UNMIK, y con la nueva misión de la Unión Europea (EULEX). "Quien colabore con ellos será considerado traidor". "Son fuerzas de ocupación, invasores, y como tal debemos tratarlos", gritó a los serbios.

Consecuentemente, los 250 policías serbios que se encontraban al norte de Kosovo, bajo órdenes de las autoridades kosovares, renunciaron a su servicio y se pusieron bajo órdenes del Ministerio del Interior de Belgrado, mientras los policías albaneses se retiraron apocados.

En el norte de Kosovo viven unos 50.000 serbios en unos 2.400 kilómetros cuadrados, lo que supone el 22 por ciento de la superficie kosovar. Esa región es la que Serbia pretende anexionar, pero eso puede ser sólo el comienzo, pues Serbia aspira a tener al menos el 58,79 por ciento del territorio total de Kosovo, especulaban hoy los diarios de Belgrado.

Las fuerzas internacionales de la ONU, la KFOR, mantienen aún su posición, pero para todos está claro que los soldados no podrán actuar de forma permanente contra los serbios.

El jefe de la administración interina de la ONU en Kosovo (UNMIK), el alemán Joachim Rücker, denunció ayer que Serbia violó su propio compromiso de no recurrir a la violencia contra Kosovo. "La violencia no es en ningún caso una opción y no será tolerada en Kosovo", dijo Rücker y matizó que "Kosovo no está cerrado. Otros puntos fronterizos no fueron clausurados. Esperamos abrirlos y volver a la normalidad."

Sin embargo, los planes de división serbios podrían volverse contra ellos mismos. Los disturbios mostraron "una vez más somos expertos en disciplina y en el mejor de los casos nos disparemos a nosotros mismos en las rodillas", comentó ayer el diario de Belgrado Blic.

La KFOR podría verse obligada a intervenir militarmente en la zona norte para restablecer la seguridad. Sobre todo, el diario teme por los 50.000 serbios de Kosovo que viven de forma dispersa en otros territorios, fuera del norte kosovar, y que podrían ser víctimas de la revancha de los albaneses. El diario Danas cita un conocido dicho: "El boomerang es por todos conocido: se vuelve contra nosotros multiplicado".

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