La vida de película de la condesa de Romanones

Aline Griffith, conocida como la condesa viuda de Romanones, falleció el lunes en Madrid a los 94 años de edad. Aristócrata por matrimonio, periodista de vocación, modelo de alta costura y espía de la CIA durante la Segunda Guerra Mundial, fue una mujer de gran carisma, con una vida trepidante, que se hizo imprescindible en las grandes citas sociales dentro y fuera de nuestro país. Aline siempre destacó, desde muy joven, por su estilo y elegancia. "Hoy en día no hay moda, ni glamour, ni nada. Yo he vivido lo que era la moda. Ahora eso se ha terminado", comentaba en una entrevista que concedió a ¡Hola! De joven se hizo popular por su faceta de modelo. Desfiló en las mejores pasarelas y entre sus diseñadores preferidos se encontraba Elio Berhanyer.

"Siempre llevaba un revólver en mi bolso", fue un de sus declaraciones más polémicas. "He procurado no hacer daño, espero que nadie se moleste con mis memorias", aseguraba en su residencia, que desprendía un halo decadente, repleto de libros, colecciones de porcelana y fotos, entre ellas la de su marido, Luis de Figueroa y Pérez de Guzmán, tercer conde de Romanones y Grande de España, con quien se casó en 1947.

Aline Griffith, aristócrata, modelo y agente de la CIA en los 50, falleció el lunes a los 94 años de edad

Madre de tres hijos y abuela de trece nietos, estaba orgullosa de sus orígenes. Griffith, que nació en 1923 en Pearl River (Nueva York), se licenció en Literatura, Historia y Periodismo, y siempre presumió de que su trabajo como espía le permitió codearse "con la alta sociedad madrileña y lucir exclusivos diseños de alta costura", además de ser testigo del romance que mantuvieron Ava Gardner y Luis Miguel Dominguín. Su don de gentes la llevó a estar siempre rodeada de personalidades, entre ellas Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, galanes del cine clásico de Hollywood como Stewart Granger (con el que aparece en la foto inferior, además de con Lucía Bosé). Una misión del Office of Strategic Service de Estados Unidos, la antesala de lo que hoy es la CIA (para la que trabajó bajo el seudónimo de Tigre), la llevó en los años 50 a España. Además de enamorarse de su marido, quedó prendada de España, nuestras costumbres y fiestas, entre ellas las corridas de toros, de las que era acérrima defensora.

Tras su matrimonio, se retiró como espía. "Mi marido me obligó a abandonar mi trabajo, estaba tan enamorada que me daba igual continuar", pero diez años después volvió. "¿Quién iba a sospechar de una condesa española?", decía. Considerada como una las personas más importantes de la jet set internacional, Griffith también fue escritora. Su primera obra fue Historia de Pascualete (1964), sobre las vivencias de los condes de Romanones. Se hizo famosa con La espía que vestía de rojo (1988), donde relató sus peripecias como espía.

La condesa estuvo muy unida a su nieta, la pintora e it girl Lulu Figueroa Domecq, según dicen, heredera de su elegancia. Hace un año se casó en Jerez, pero Aline no fue al enlace porque "hay muchos mosquitos en Jerez en esta época y además para mí es muy difícil ir", dijo entonces.

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