"Lo mío es un fenómeno sociológico"

Ha devuelto el glamour a un panorama social que, desde hacía bastante tiempo, adolecía de una presencia tan especial como la de Carmen Lomana. Elegante, misteriosa y, sobre todo, muy amiga de sus amigos y muy buena persona, esta vasca nacida en San Sebastián enviudó del hombre que más le ha marcado, su marido, tal día como hoy de algunos años atrás. Desde entonces, Carmen ha labrado un camino que, en este 2010 que acabamos de comenzar, es posible le lleve a protagonizar varios importantes proyectos televisivos como la nueva y esperada edición de ¡Mira quién baila!

-¿Es cierto que irá de participante a este espacio?

-No lo sé. Aún no lo tengo claro del todo. Me gusta bailar y sería divertida esta colaboración pero es algo que tengo que valorar con tranquilidad.

-Desde luego, su ascenso popular ha sido imparable...

-Sí. He pasado un año muy mediático y no tengo ni idea de por qué ha sucedido todo esto. No he hecho nunca nada para hacerme tan conocida. Lo mío es un fenómeno sociológico un poco extraño. Tengo seguidores que me esperan a la salida de los sitios y hasta foros en Internet. Me parece maravilloso, me asombra y me llena de orgullo significar tanto para tantos admiradores.

-¿Ha supuesto una modificación de sus rutinas?

-Procuro que no me altere mi cotidianidad. No leo ni veo nada sobre mí porque no me termino de creer que la historia vaya conmigo. Por eso no me afecta. Tampoco me he sentido agobiada. Es un regalo que me tenía deparado el destino. Se me trata muy bien e igual que sufres, recibes cosas bonitas.

-¿Hacia dónde le gustaría reconducir su fama?

- Yo no reconduzco nada, dejo que la realidad fluya. Me fascina la televisión. No me asustan las cámaras y me gusta la posibilidad de expresarme. Quiero aprender sobre ese medio y desearía tener un programa propio de lujo y cultura. Aunque fueran dos veces al mes pero que la audiencia estuviera esperándolo como "agua de Mayo". Recientemente he estado en la India grabando un reportaje y ha resultado fenomenal. Me agrada que la gente pueda conocerme más y que descubra qué hay más allá de Carmen Lomana.

-Entonces, ¿le preocupa que la imagen que trascenda de usted pueda resultar superficial en exceso?

-A veces, sí. Incluso, más que superficial, me molesta que se me contemple como demasiado frívola, pija y fuera de la realidad cuando es todo lo contrario. Si hay alguien que ha experimentado lo que es el sufrimiento soy yo pero, como me consta cómo es el dolor, también sé divertirme.

-¿Es cierto que se quiere venirse a vivir a Sevilla?

- Me apetece mucho pero, de momento, no es factible. Se trata de una ciudad para perderte en el romanticismo, la calidez... Tampoco lo descarto, ¿eh? La gente del Norte estamos muy cómodos en el Sur porque, en el fondo, unos y otros son mucho más similares de lo que, la mera apariencia, deja traslucir.

-Se nota que es una persona muy cultivada. ¿Por qué se decanta dentro de las cuestiones relacionadas con la cultura?

-Soy humanista, de letras. Para las matemáticas no tengo inteligencia. Adoro la literatura, el arte en sus diferentes manifestaciones... Los viajes los he reducido a las sitios que ya conozco, como Londes o París, en detrimento de otros destinos más recónditos. Me han propuesto escribir pero no es el momento. Me encuentro muy dispersa. Eso es algo profundo, que sale de ti y donde vuelcas tu alma.

-¿Consigue todo aquello que se propone?

- Sin perseguirlo, sí, lo logo. Es como si fuera mentalista. Me ha sucedido desde que tengo uso de razón. Hasta con mis casas tuve intuiciones que, más tarde, se materializaron. La de las Vascongadas, porque no suelo usar lo del "País Vasco", la vi de pequeñita y, al casarme, nos informaron de que se había quedado libre y terminé por comprarla para instalarme allí.

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