"Más que crítico, conmigo soy destructivo"

Ha heredado el talento y la humanidad de unos padres que, hasta que no cumplió los 26 años, no sabían que tenían un hijo artista. Sin embargo, con Juanito Valderrama y Dolores Abril como progenitores, era difícil escapar a unos escenarios a los que ha decidido entregarse por completo. Casado con Rosa Peña, ese alter ego que le aporta estabilidad y que le cuida con mimo, personal y profesional, Valderrama avanza en una trayectoria en la que, después de verano, podremos verlo como cantaor de flamenco en la Bienal de Sevilla. Una ciudad donde, el próximo martes, regresará con un espectáculo, Casi boleros, donde, cada vez más, reconoce 'desnudarse' ante el público.

-¿Muchas emociones ante esa presentación del teatro Lope de Vega?

-Imagínate. Llevo una puesta en escena con la que he recorrido muchos puntos durante el invierno y en la que mezclo jazz con flamenco y otros géneros. Seguro que será una cita en la que nos vamos a emocionar, a llorar, a reír… Incluso hay sorpresas porque participará una mujer que tiene también dos erres en su nombre, que guarda veinte jilgueros en la garganta y que interpreta cualquier género que se le ponga por delante. Por lo demás, una mezcla de sentimientos que, después de una década en esto -y muchos estrenos detrás-, asumes. Es como una boda. Entre las invitaciones, las llamadas, los ensayos… (risas).

-Las entradas están casi agotadas pero, para los que no tengan oportunidad, les depara una novedad en su carrera cara a septiembre, ¿no?

-Es una aventura que se llama Maestros y en la que hago referencia a figuras que la historia se tragó y con los que, el flamenco, está en deuda. Gentes como Marchena, la Niña de la Puebla, Caracol… Deseo aportar aquello que me han enseñado y que ha llegado el momento de compartir. Antes era algo que me daba miedo pero, ahora, ya me encuentro preparado para este reto que me apetece afrontar.

-Es usted alguien muy perfeccionista y que piensa todo bastante antes de asumirlo, ¿verdad?

-Sí, soy muy reflexivo. Más que crítico, conmigo soy destructivo. No me escucho jamás ni me pongo en el coche. Tampoco soporto verme en televisión porque, para mí, nunca está suficientemente bien.

-De hecho, tardó bastante en confesarle a los suyos lo que quería hacer de veras…

-Abrí la boca con 26 años. Le di una maqueta a mi padre y le dije que era de un amigo sobre el que quería saber su opinión. Él me reconoció, me sentó y me reprochó por qué no se lo había comentado antes. En mí se exige un plus de calidad y eso es complicado. Es más sencillo vivir en la sombra pero, o daba el paso, o hubiera sido un eterno frustrado.

-¿Qué tiene Valderrama de sus padres? ¿En qué se reconoce más?

-Creo que he salido bien parado porque poseo lo mejor de cada uno. Un físico agradable y diez pesetas de aquella garganta que tenía él. En cuanto al carácter, soy perseverante, impaciente y creativo como mi padre y tierno y compresivo como mi madre.

-¿Y de su esposa? ¿Sería su vida igual sin su presencia?

-No, claro que no. Iría como una vaca sin cencerro o un perro sin collar que se ha escapado y va por ahí… No me lo quiero imaginar. Estoy muy feliz y creo que hemos formado un buen tándem en el que nos llevamos bien y nos complementamos.

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