Primer cara a cara electoral

Alta tensión por ETA

  • Los dos candidatos a la Presidencia del Gobierno protagonizan un agrio e intenso debate con un áspero intercambio de reproches. Ambos llegaron con la lección bien aprendida y no parece que hubiera un ganador claro

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Llegó el momento. No estaba España en la final del Mundial de fútbol, pero buena parte del país se paralizó ayer a las diez de la noche como si tal cosa ante el televisor. En la pequeña pantalla, frente a frente, Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero. No se han decidido las elecciones. El encorsetado formato dejaba pocos resquicios libres para la improvisación. No hubo. Pero sí que se dijeron las verdades del barquero. El debate estuvo lleno de duras acusaciones. Un fuego cruzado de reproches. La más dolorosa fue la del candidato popular de que el presidente del Gobierno “ha agredido a las víctimas del terrorismo” al ceder ante ETA.

El objetivo de ambos era sacar todo el provecho posible a sus siete minutos de turno de palabra en cada uno de los bloques (economía y empleo, políticas sociales, política exterior y de seguridad –donde se incluyó la lucha contra el terrorismo nacional e internacional– política institucional y retos del futuro). Una de las claves estaba en las actitudes, mucho más que en los contenidos. Zapatero no lo dijo con estas palabras pero su mensaje subliminal fue el de presentar a Rajoy como un elemento peligroso, con resonancias de extrema derecha, que sólo busca el poder sin pararse demasiado en los intereses generales más generalizados, los de los desfavorecidos. El candidato popular trató de mostrar la inconsistencia del aspirante a la reelección, de presentarlo como un frívolo irresponsable y mentiroso, que quiere mantenerse en el poder aunque no tenga un proyecto sólido para España.

Empezaron hablando (discutiendo) de economía. Rajoy pidió a Zapatero que “no se esconda en los datos macroeconómicos” y que diera soluciones a problemas cercanos como la subida “sin control” de los precios, de las hipotecas y del paro. El líder socialista le reprochó su “demagogia”, que no se ha ocupado de la economía en los últimos cuatro años y le recordó, tirando de ficha, que en la etapa de gobierno de Aznar “toleraron la vergüenza del redondeo del euro”.

El debate era tenso, intenso y edificante. En el segundo bloque, Rajoy puso el acento en la inmigración. “Hay que poner orden y control, aunque usted tache mis propuestas de insólitas, ridículas y xenófobas”. “España –agregó– es un auténtico coladero y le han puesto de vuelta y media en la UE”. Zapatero le reprochó que “no ha movido un dedo por que los españoles tengan más derechos” y relató los importantes avances al respecto en el curso de la legislatura. “No tiene el más mínimo interés en hablar de inmigración porque se ha limitado a no hacer nada”, replicó Rajoy, que se mostró más agresivo e incisivo que su rival. Éste le recordó que en las tres regularizaciones de sin papeles del Gobierno del PP cuando él era ministro del Interior bastaba un bono bus o una factura de una noche de hotel”.

La tensión alcanzó su cénit de la mano de la lucha antiterrorista. El fracaso del proceso de paz tenía todas las papeletas para ser la línea medular de los ataques de Rajoy. Zapatero se encomendó a a su buena fe. “Mi primer deber moral era reducir al máximo la cifra de muertos de ETA”. Rajoy le acusó de ceder al chantaje de los terroristas, de haber mentido a los españoles en su negociación con ETA, de “la vuelta de ETA a los ayuntamientos”, el episodio de De Juana Chaos, la definición de Otegi como hombre de paz, etc. La réplica. “Quienes mintieron fueron ustedes inventando una conspiración con el 11-M (..) Yo apoyé a Aznar que dijo que ETA era el Movimiento de Liberación Nacional del Pueblo Vasco, que es la afirmación política más grave de la historia de la democracia”. El candidato del PP estaba poniendo en aprietos al líder socialista, que intentó sacudirse la presión rebatiendo ese aserto popular de que ETA estaba mas debilitada que nunca cuando Aznar dejó el Gobierno. “¿Cómo puede decirme eso señor Rajoy, si ustedes culparon en un primer momento a ETA de la mayor matanza de Europa?”. “¿ETA estaba débil?”.

Y Rajoy empezó a crecerse. a la hora de hablar de la política territorial. Ahí salieron sus consabidas acusaciones de dividir a los españoles, de enfrentar a las comunidades, de romper los consensos básicos, el Pacto del Tinell... El líder del PP se preguntó cómo se podía presumir de fortalecer al Estado con ese referéndum secesionista de Ibarretxe a la vista. Zapatero desvió la vista de ese toro y aguó su alarmismo replicando que “ni España se rompe, ni Navarra se entrega a ETA, ni Cataluña está en proceso de secesión”.

En el último tramo se enzarzaron con la plataforma de artistas que apoyan a Zapatero. “Unos untados”, apuntó Rajoy. “España no se merece un presidente que agrede al mundo de la cultura”. Contrarréplica de Rajoy a la yugular. “Y usted ha agredido a las víctimas del terrorismo”. “No le acepto eso señor Rajoy”. “Me da igual”, dijo. Y se lo repitió.

El lunes, segunda parte.

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