La elección del cartel, una decisión que casi nunca contenta a todos

  • Varias han sido a lo largo de estos años las modalidades de elección de los carteles de Feria, desde los encargos a pintores de reconocido prestigio hasta los concursos populares por votación directa

La elección del cartel anunciador de la Feria de Primavera y Fiesta del Vino Fino es un asunto que nunca deja indiferentes a los portuenses. Quien más y quien menos opina, critica o elogia con una pasión que no es habitual en otros asuntos de la actualidad local. Tanto es así que en los últimos años la elección del cartel ha pasado por diversas modalidades, desde los encargos a pintores de renombre (Juan Lara o Rafael Alberti, entre otros, cuyas obras han servido incluso a título póstumo  como reclamo de la fiesta) hasta los concursos populares, con y sin  jurado.  Este año el nuevo equipo de Gobierno, formado por populares, andalucistas y el ex-edil de IP Fernando Gago, han recuperado la modalidad del encargo y le han encomendado el cartel a un pintor consagrado, Juan Herrador, que ha realizado una composición hiperrealista que tampoco ha satisfecho a todos por igual.

Algunos entendidos y especialistas en cartelería consultados por este periódico consideran el cartel "muy correcto desde el punto de vista técnico", aunque echan en falta algún elemento humano en la composición que hubiera aportado algo más de vida  al cartel. Es el caso del que fuera presidente de la Academia de Bellas Artes Santa Cecilia y autor del cartel de Feria en el año 96, Francisco Arniz, para quien independientemente de la solvencia técnica de Juan Herrador, fuera de toda duda, el cartel hubiese necesitado  la presencia de algún elemento animado. Curiosamente los motivos elegidos por Juan Herrador para el cartel de la Feria 2008 recuerdan mucho a los ya utilizados hace 30 años, en el año 1978, en el cartel anunciador de la Feria, en esa ocasión con un fotomontaje en el que destacaban también una caracola de gran tamaño, una copa de Fino y un claves, aunque entonces sí se incluía el elemento humano a través de la cola de la parte inferior de un traje de gitana. El único cartel que no cosechó nunca críticas negativas fue el de la feria de 1989, obra de Juan Lara, que todavía se puede ver colgado en las paredes de numerosos establecimientos locales.

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