Navarra, entre el bullicio de San Fermín y la tranquilidad de sus paisajes

  • Además de por sus elementos emblemáticos como los sanfermines, su historia o su patrimonio natural, destaca por sus productos gastronómicos, de reconocido prestigio, como la txistorra, el patxarán o los pimientos del piquillo

Navarra tiene muchas iconos, extensamente conocidos, como Miguel Induráin o la Universidad del Opus Dei. Pero, para muchos, la imagen de esta región por antonomasia, es la imagen de los encierros de San Fermín; una de las fiestas españolas con mayor proyección internacional, gracias en gran parte al norteamericano Ernest Hemingway (quien a la postre establecería de manera definitiva los estereotipos más castizos de los españoles en la primera mitad del siglo XX). La semana del 6 al 14 de julio, la capital navarra, Pamplona, deja de ser seria y austera para abrirse al mundo con altas dosis de alegría y compañerismo.

Pero Navarra es más que Pamplona y sus sanfermines. La histórica tierra de reyes cristianos ofrece al viajero y al turista infinidad de paisajes naturales, costumbres ancestrales y monumentos de importante valor patrimonial como castillos, ermitas y monasterios centenarios. Desde la falda de los Pirineos, sus macizos escarpados, sus frondosos bosques (véanse el parque natural de Bertiz, el valle de Baztán o la selva de Irati, entre otros muchos), y sus húmedos valles ofrecen la estampa eterna del paso de guerreros y peregrinos que cruzaban las fronteras francesas para adentrarse en la piel de toro. De ahí que Navarra destaque también por las importantes sendas que conducen a Santiago de Compostela, con especial interés en Roncesvalles, de donde todavía hoy parten muchísimos peregrinos para recorrer la ruta jacobea.

A parte del verdor impertérrito de la zona norte del antiguo reino navarro, las tierras del sur, sobre el valle del río Ebro presentan, especialmente al sudeste, un cambio drástico en el color gracias al paraje semidesértico de las Bardenas Reales, en las que existen formaciones geológicas sorprendentes gracias a la erosión.

Tampoco merecen peor lugar en la lista de atractivos navarros sus productos gastronómicos tradicionales, desde la txistorra hasta el patxarán, pasando por las alcachofas de Tudela o los pimientos del piquillo de Lodosa, sin olvidar sus vinos y sus quesos.

Navarra cuenta en España con una historia política muy particular, de la que aún sobreviven ciertos aspectos que rigen la vida de sus habitantes. Aparte de sus vínculos culturales con el País Vasco (no en vano, el euskera es idioma oficial, aunque su uso es más habitual cuanto más al norte y más cercano a Guipúzcoa y Álava), Navarra posee ciertos derechos históricos denominados fueros, que conforman una especie de estatuto de autonomía. Con este especial régimen legislativo, los navarros pueden disfrutar de una política fiscal diferente a la del resto de los españoles, cuentan con una policía foral (parecida a la Ertzaintza vasca), entre otros asuntos.

La vida en Navarra se dice que es de las de mayor calidad de toda la península ibérica. Cuentan con una alta esperanza de vida (de las mayores del país), sus residentes son de los que más dinero aportan a entidades benéficas y de cooperación internacional, y últimamente destacan por el fuerte impulso dado a las energías renovables: en 2006, producía el 70% de su energía da partir de fuentes renovables, especialmente de las centrales eólicas.

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