Un antes y un después de Xavi

  • La selección perdió el dominio del balón de la primera mitad para apelar a otra lotería previa a la de los penaltis, las contras

España ganó tras jugar dos partidos bien diferenciados. Uno, con mucho control de pelota, toque y llegada con una Italia encerrada. Otro, tras la salida del campo de Xavi, con menos control, un rival que se estiraba y con los riesgos que siempre se corren en un partido abierto. Cesc frenó algo el fútbol de ataque, pero a cambio, España consiguió más espacios a la contra y presencia de los jugadores de segunda línea (disparos de Senna). Luego llegarían los penaltis, pero ahí no hay lógicas tácticas...

Defensa

Como está siendo costumbre en toda la Eurocopa, el estado de despiste general con el que ha llegado Sergio Ramos volvió a ser la rendija por la que el rival de turno metía la punta del cuchillo. Italia se dio cuenta pronto de que si quería algo tenía que buscar a Cassano y volcaba las contras hacia ese lado. También porque por otro era más bien imposible. Impecable Senna como guardián táctico, Puyol apagaba a su estilo, a las bravas, los fuegos que se generaban.

Luego, cuando Xavi se fue y España perdió el control total que tenía de la zona de tres cuartos, la zaga tuvo más trabajo, pero la pareja de centrales daba una y otra vez su lección de anticipación y raza.

Ataque

Lo previsible sucedió en los primeros minutos, aunque quizá no era de esperar tanta posesión española. El orden del catenaccio se alteraba por las permutas de posición entre Iniesta y Silva y la habitual circulación de Xavi. Se generaron huecos en zona de tres cuartos que dieron lugar a disparos y no en los metros preferidos de Torres y Villa.

Luego, Cesc no se ofrecía tanto y el partido fue a parar a un ir y venir que cambió la fisonomía de los ataques, menos elaborados y con imprecisiones. Y ahí faltó calidad.

lo mejor

Erradicar la cara de perdedor.

lo peor

Dos de los cambios no mejoraron al equipo, sino todo lo contrario.

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