El intenso adiós a un ex presidente

  • Las principales personalidades del país se vuelcan desde la mañana en los actos de despedida a Calvo Sotelo, enterrado en la localidad gallega de Ribadeo

Los restos mortales del ex presidente del Gobierno Leopoldo Calvo Sotelo abandonaron ayer la capilla ardiente instalada en el Congreso de los Diputados rumbo a Ribadeo (Lugo) donde, después de una misa funeral, fue enterrado. Alrededor de 10.000 personas pasaron por la Cámara Baja para dar su último adiós al líder que hizo entrar a España en la OTAN.

La propia vicepresidenta del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega, aprovechó su discurso durante la toma de posesión de los nuevos delegados del Gobierno en Euskadi, Navarra, Ceuta y Melilla, para lamentar la pérdida "un hombre de Estado, presidente del Gobierno en unos momentos difíciles pero también apasionantes".

Porteadores del Ejército de Tierra sacaron el féretro, cubierto con la bandera de España, de la capilla ardiente, instalada en el Salón de los Pasos Perdidos, seguidos por el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y los presidentes del Congreso, José Bono, y del Senado, Javier Rojo. Fuera, en la escalinata de la Puerta de los Leones esperaban la familia del fallecido y los políticos y representantes de las instituciones del Estado, entre los que se pudo ver a la ministra de Educación y sobrina del fallecido, Mercedes Cabrera, o, juntos de nuevo, al presidente del PP, Mariano Rajoy, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre y al alcalde de la capital, Alberto Ruiz-Gallardón.

Miembros de los tres Ejércitos rindieron honores a Calvo Sotelo al son primero de una marcha fúnebre y después del Himno Nacional, tras lo cual se subió el féretro a un armón de artillería tirado por cuatro caballos y dos jinetes. Justo detrás de féretro se situaron los familiares del ex presidente, con su viuda Pilar Ibáñez-Martín al frente.

El ataúd con los restos mortales de Calvo Sotelo partió a las 11:00 hacía la Base Aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid) en un coche fúnebre en el que se introdujeron dos coronas de flores, una con los colores de la bandera de España, y otra, con flores blancas, enviada por los Reyes. El jefe del Ejecutivo gallego, Emilio Pérez Touriño, presidió la recepción de los restos mortales en el Ayuntamiento de Ribadeo, después de que el coche fúnebre recorriera algunas de las zonas de la localidad con mayor vinculación al ex presidente, como la avenida que lleva su nombre y las proximidades de la casa en la que veraneaba, junto al puerto de la localidad.

Los más de 300 ribadenses que se acercaron al Ayuntamiento recibieron con aplausos la llegada del féretro, precedida por tres coches fúnebres cargados con coronas de flores. El presidente de la Xunta se acercó a saludar a la viuda e intercambió unas palabras con ella antes de que el ataúd fuese introducido en el edificio, de nuevo entre aplausos. La Banda Sinfónica Municipal, de la que era socio de honor el ex presidente, interpretó el Réquiem de Mozart. Leopoldo Calvo Sotelo era además marqués de la ría de Ribadeo y alcalde honorario de la localidad, en la que transcurrió parte de su infancia y de la que era originaria su familia materna.

En torno a las 18:00, el féretro fue trasladado a hombros hasta la cercana iglesia de Santa María do Campo, donde el arzobispo de Mondoñedo, Manuel Sánchez Monje, ofició la misa funeral ante un millar de personas. Calvo Sotelo fue enterrado en el cementerio de Ribadeo, donde también yacen los restos de sus padres. En su homilía, el obispo destacó que Calvo Sotelo "propició la reconciliación y el diálogo entre unos y otros", además de trabajar "para que se llegara a pactos que mejoraran la convivencia de todos".

Una vez finalizada la misa, la comitiva fúnebre se dirigió al cementerio parroquial, a más de un kilómetro de distancia, seguida a pie por una procesión de vecinos, familiares y amigos que acompañó al ex presidente hasta el lugar del sepelio, donde ya descansa para siempre. El presidente del PP de Galicia, Alberto Núñez Feijóo, propuso conceder la Medalla de Oro de Galicia al ex presidente del Gobierno por su "aplomo" y "valentía" para "consolidar la democracia".

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