Esos incesantes desafíos a la lógica

LA precampaña electoral está haciendo méritos más que sobrados para la camisa de fuerza. Especialmente en las últimas horas, en las que asistimos a espectáculos como el de Rajoy presumiendo de ser más socialista que Zapatero en una entrevista con Buenafuente, el del PNV suplantando al PP en el papel de pregonero de movimientos sísmicos que rompen España alertando de la ingente posibilidad de "la mayor crisis institucional de cuantas se hayan podido dar en el Estado desde 1977" si se enquistan los conflictos -según la terminología nacionalista, que no propia- vasco y catalán; o de un Zapatero que parece decidido a ponerse al triste servicio del dramatismo -el amante ideal del victimismo- según ese micrófono indiscreto que redujo a añicos la entrevista que le acababa de hacer Iñaki Gabilondo al presidente dando al PP la gran coartada para sacudirse el papel de crispador endosándoselo alegremente al líder socialista.

Y el interrogante que pende sobre la identidad del próximo inquilino de La Moncloa crece y crece, tal como revela ese empate técnico que augura el CIS, que no por haberse columpiado en numerosas ocasiones deja de proporcionar los sondeos más fiables. Aunque los sondeos, sondeos son, no más. Ni menos. Zapatero es caballo ganador y Rajoy se le echa encima. Cada vez está más cerca. La inercia es diabólica. Las distancias en intención de voto no han dejado de acortarse durante los últimos meses. Y eso que este último barómetro fue elaborado entre el 21 de enero y el 4 de febrero, un periodo durante el que hemos asistido a episodios como la amenaza de Ruiz-Gallardón de dejar la política tras quedarse con las ganas de ser diputado; o al proceso de ilegalización de ANV; o a la reapertura del caso Yak-42; o a la irrupción de las sotanas en el cuadrilátero... Elementos que deberían reimpulsar, un suponer, a Zapatero, y que no han impedido que siga cediendo terreno a Rajoy. No obstante, sigue siendo el líder más valorado.

Y otro dato a tener en cuenta es que en las materias en las que los ciudadanos están más descontentos con el Gobierno según el CIS -lucha antiterrorista, economía, vivienda, inmigración- no hay alternativa, puesto que tampoco confían -la mayoría- en que el PP lo hiciera mejor si gobernara.

Los decisivos son, siempre, los indecisos. Un 30 por ciento. Un porcentaje que coincide curiosamente -dice el CIS- con el de los que se declaran algo o bastante interesados en la política. Quizá son todo uno. Porque a ella, la política, y a ellos, los políticos, cuanto más se los conoce, más confunden. Si hasta Rajoy va de socialista. ¡La camisa, por favor!

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