A la espera de Cristóbal Colón

EL Congreso de los Diputados, en la tarde de sesión de control al Gobierno, estaba ayer más pendiente de la aparición de un nuevo valiente que convocara a los medios para meter baza en la crisis del PP que del enfrentamiento entre Zapatero y Rajoy. Se rumoreó que podría ser el mismísimo Juan Costa para presentar, por fin, su candidatura. Pero nada de nada. En cualquier caso, el rumor expira hoy a mediodía. Por cierto, su antiguo jefe ministerial, Rodrigo Rato, se incorporó ayer mismo a la Universidad de Alcalá de Henares, donde compartirá destino en lo universal con el ex presidente de la Cámara baja, Manuel Marín, para desmentir definitivamente a aquellos que han difundido que la alternativa "no será Costa, sino un peso pesado del PP".

Lo único que hubo fue un comentario de un diputado popular sevillano, que, dado que lo de Alejandro Ballestero llegó a la mamarrachada, tiró de humor y aseguró que en el transcurso de la tarde daría una rueda para anunciar que, en breve, fichará por el Betis. ¿Será el organizador que anda buscando Lopera para poner orden en el club verdiblanco y en los juzgados? No es probable. Pero para humor, humor lo de Jiménez Losantos en los tribunales madrileños. Justificó las presuntas injurias que profirió contra el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, en base a que el primer edil no seguía línea oficial del PP sobre el 11-M. Acebes y la propia Aguirre desmintieron esta versión en sede judicial.

Así las cosas, el cara a cara entre Zapatero y Rajoy lo dicho destacó lo justo. El presidente del Gobierno reconoció que la crisis financiera y los incrementos de los precios han provocado un ajuste "más intenso y rápido de lo previsto". Pero aún, por lo visto, no se puede hablar de crisis, sino de desaceleración en grado superlativo. Tiempo de eufemismos. ZP se las vio también con Joan Herrera y los problemas de la central nuclear de Ascó y con Durán i Lleida y el aeropuerto del Prat. Nada, dos largas cambiadas -habrá sanción si lo determina el CSN, y ya veremos qué pasa con El Prat- y a seguir bostezando una semana más al frente de un Gobierno que desataca por la inacción política de la mayoría de sus ministros, como en la legislatura pasada. Los socialistas andan tan sobrados -o eso creen ellos- que se permiten incluso la marcha por la gatera de Torres Vela, a quien prometieron un puesto en el Senado por vía autonómica y a quien han dejado en la estacada. ¡Qué más da! El CIS y el PP lo taparán todo hoy, otro jueves negro para Mariano Rajoy, que, como estaba previsto, ya ha recibido el no de Arenas para la secretaría general.

Pero la estrella en la sesión de control volvió a ser la portavoz de los populares, Soraya Sáenz de Santamaría, que le ganó otra vez a la vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, que estaba más acostumbrada a los desvaríos de Acebes y Zaplana y los despachaba en dos minutos y treinta segundos con dos ganchos de izquierda. Pero con la novicia de Rajoy lo va a tener más difícil la vice. Ayer por lo pronto, estuvo incluso más brillante que ella, cuando afirmó que, como el PSOE siga la estrategia de Bermejo, el Gobierno acabará culpando del problema de la inmigración a Cristóbal Colón.

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