La disidencia castiga a Rajoy con 409 votos en blanco

  • El líder del PP baja en 14 puntos porcentuales el apoyo respecto a 2004

El PP alcanzó la normalidad democrática con la renovación del liderazgo de Rajoy, si bien lo hizo a costa de acentuar la disconformidad de los críticos, que le castigaron con 409 votos en blanco de los 2.643 votos emitidos, 2.596 de ellos a favor. Es una brecha importante de apoyos si se compara con los datos de octubre de 2004, donde sólo hubo 41 abstenciones de los 2.541 emitidos, de los que 2.520 fueron a favor. En porcentaje, Rajoy bajó del 98,37% de apoyos que obtuvo tras la derrota del 14-M hasta el 84% tras la del 9-M. Un sonoro castigo para un líder que llegaba debilitado. Peor aún resulta para Rajoy si las cuentas se hacen sobre el total de 3.025 compromisarios y no sobre los que han votado realmente, lo que reduciría a un 70% los apoyos del líder.

En el discurso en el que defendió su candidatura, el líder del PP sorprendió ayer cuando hizo autocrítica de los errores de su gestión, que identificó no con los "principios" sino con los "procedimientos", una novedad en dos jornadas en las que la reafirmación frenó la autocrítica. Pese al resultado de las urnas, el discurso del líder del PP fue un canto a la cohesión interna. Así se interpretó su insistencia en remarcar que mantendrá el "rumbo", en un intento de buscar la empatía con los compromisarios que le escuchaban y le votarían con posterioridad, y también de cara a sus críticos.

"En contra de lo que habéis oído", dijo, "yo no defiendo que cambiemos los principios". Sonaba también a réplica a las palabras de quienes, como Aznar Mayor Oreja o Acebes, desfilaron previamente por la tribuna para advertir de los riesgos de fractura y desafección interna si se cambian las esencias.

Toda vez que lo dejó claro, entró de lleno en la autocrítica. Los "fallos" diagnosticados por Rajoy y que, según él, le impidieron coronarse ganando las elecciones fueron el mensaje, la monotemática del PP sobre ETA y la demonización de los nacionalistas. Como solución, abogó por ser más "eficaces e insistentes en la difusión de las ideas", en "ensanchar el abanico de temas, sin olvidar a ETA" y, en tercer lugar, apostó por "un diálogo con todos, porque debemos gobernar para todos".

Y para tranquilizar a los sectores más tradicionalistas, lo que no logró completamente a resultas de la votación, explicó que la optimización de los "procedimientos" no supondrá ni "alentar a los nacionalistas" ni, tampoco, "timidez, indiferencia o relativismo, como si nos diera todo igual". Desde sus propias filas, a Rajoy se le ha acusado de cierta pasividad a la hora de abordar los conflictos internos.

Debilitado por las críticas internas, Rajoy intentó inyectar un mensaje de optimismo e ilusión renovada ante las proclamas autocompasivas que habían deslizado sus predecesores en la tribuna. "Han sido cuatro años de soledad difíciles", reprodujo él también, aunque rompiendo con esa tendencia repitió hasta en cinco ocasiones, con voz grave, que se siente "capaz de ganar las elecciones", y que está "en condiciones de garantizar que el partido permanecerá unido". La fórmula para devolver al PP a la senda de la victoria pasa por ampliar ese techo de diez millones de votantes para lo que es necesario, dijo, tener vocación de centro y una actitud de moderación ya que, como explicó , "la mayoría habitan ahí".

Señal de que fue un discurso en clave de cohesión fueron los guiños, algunos velados, que dedicó. Como el que dispensó subrepticiamente a Esperanza Aguirre al proclamar que "nuestras filas se han enriquecido con personas de ideas muy variadas: liberales, conservadores...". "No pedimos a nadie que renuncie a sus principios", corrigió tras invitar a Aguirre a marcharse al partido liberal. Muy aplaudidos fueron los dos guiños, estos sí explícitos, que le dedicó a Ángel Acebes, de quien elogió su "lealtad" y del que dijo que "han sido injustamente tratados por nuestros adversarios" y, sin citar a San Gil, el guiño que dirigió a los militantes vascos "porque son un ejemplo de calidad humana". No hubo loa ni para Eduardo Zaplana ni para Aznar.

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