"Mi bandera siempre ha sido la roja. Soy un rojo maldito"

  • El político cree que sigue siendo necesario transformar el capitalismo

Santiago Carrillo busca un lugar en el que se pueda fumar para hacer la entrevista. "En la terraza se puede", le avisamos. "Pues vamos a la terraza", asiente raudo, y pronto saca el paquete de rubio, aunque "hasta los 30 años fumé negro". A sus 93 años de historia viva y lucidez admirable sólo conserva dos carnés: el de la asociación de periodistas de Madrid y "como una reliquia", el del Partido Comunista de España. El jueves pasado participó en Cádiz en un debate sobre la transición junto a Soledad Becerril.

-Con usted no ha podido la clandestinidad, ni el exilio, ni el tabaco.

-Personalmente, a mí, si el tabaco me ha hecho daño, ha sido tan lentamente que no he tenido ocasión todavía de comprobarlo. No es que yo sea un caso que niega el antitabaquismo. Creo que soy una excepción a la regla. Eso sí, creo que, si no te mata de un cáncer, el tabaco ayuda al cerebro. A mí me ha sentado bien. En tiempos me he fumado hasta tres paquetes al día. Ahora fumo mucho menos.

-¿El país en el que vivimos hoy se parece al que usted imaginaba durante toda su lucha?

-Hombre, si yo dijera que el país tal como está es el culmen de mis aspiraciones no diría la verdad, pero cuando yo luchaba contra el franquismo y cuando actuaba durante la Transición era para hacer un país como este, es decir un país donde hubiera libertad, donde la gente viviera mejor. A mí me gusta este país. Mire, no me gusta su historia, que muchas veces ha sido una tragedia, pero quizá por eso lo quiero más y creo que se merece algo mejor.

-Y usted, ¿en qué ha contribuido a eso?

-Hombre, eso no soy yo el que tiene que decirlo. Yo creo que he contribuido cuanto he podido. Creo que no ha sido poco, y que he podido contribuir porque representaba al Partido Comunista que es el partido que se ha distinguido más en la lucha contra el franquismo y por la democracia en este país. Y en los tiempos en que eso era realmente peligroso.

-Sin embargo, ese partido está en horas ¿diría usted que bajas?

-No, ese partido, el de entonces, ya no existe. No cabe duda de que se han producido cambios en la situación mundial que no hacen menos necesaria que antes la lucha por una sociedad socialista, con libertad, pero que probablemente necesita nuevos métodos para conseguirlo.

-¿El comunismo ha muerto?

-Yo creo que el comunismo no ha existido nunca y por consiguiente no puede morir. Hubo un intento de ir a una sociedad comunista en Rusia. Ese intento fue malogrado, ese sistema fue degenerando y descomponiéndose, pero la necesidad de transformar el sistema capitalista permanece.

-¿Le dolió el fracaso de esa ideología?

-Cuando yo era joven, pensaba que la revolución estaba ahí, a la vuelta de la esquina. Pero la vida me ha enseñado que lo que no ha sido posible en 24 horas o 24 años, puede serlo en los próximos 30 años. Sí me dolió personalmente que esa experiencia, en vez de terminar positivamente y de servir de ejemplo al mundo, fracasara. Pero a través de mi vida he conocido más derrotas que victorias. Eso ya le curte a uno y le permite tener una visión más lejana y más abierta de las cosas. Y eso no ha enfriado ni mis ideales ni mis esperanzas.

-En España, ¿el único futuro progresista es el PSOE?

-Mire usted, en España hoy, por una serie de razones políticas, históricas... el líder progresista que en este momento tiene la oportunidad de hacer progresar el país es Rodríguez Zapatero. Pero eso no quiere decir que el PSOE sea la única posibilidad.

-¿Ve usted el PP de hoy como una reedición de la derecha histórica que usted conoció?

-Sí. El PP de hoy es un bloque masivo de toda la derecha española, en el que hay desde gente que son franquistas hasta gente que son demócratas, como el alcalde de Madrid, Gallardón. Pero yo no veo todavía claro que el PP sea capaz de desembarazarse de la costra ultraderechista que representa la influencia de la mayoría de la jerarquía de la Iglesia, de la Cope...

-¿Le da miedo algo todavía en la actual vida política?

-A mí lo que me hubiera dado temor es que hubiese ganado Rajoy, con el PP tal como es, las últimas elecciones. Porque hubiéramos visto lo que estamos viendo en Italia hoy, aunque no comparo a Rajoy con Berlusconi, creo que es más honesto personalmente, pero las consecuencias políticas hubieran sido las mismas. Hubiéramos visto en Madrid a los franquistas levantando el brazo, y manifestaciones en la calle como las que ya se produjeron organizadas por el PP, la Iglesia y la AVT.

-¿No cree que se haya producido la reconciliación nacional que usted preconizó hace ya 50 años?

-Bueno, en parte se ha producido, hubo la Transición, hemos llegado a un régimen democrático pero la sombra de las dos Españas es alargada y todavía está ahí. Cuando se habla de la memoria histórica, yo no hablo sólo de la guerra, sino de dos siglos, el XIX y el XX, fundamentales para conocer los fenómenos políticos de hoy en España.

-Hablando de memoria histórica, hay un nombre que le persigue: Paracuellos.

-Bueno, sí, eso es un sambenito que me han colgado. Pero eso a mí no me quita el sueño porque yo no fui responsable de aquello. Lo puedo afirmar con toda rotundidad. Mire usted, si yo hubiera sido responsable de aquello, los mismos militares profesionales que estaban con la República, Miaja, Rojo, en vez de ser amigos míos no lo hubieran sido nunca.

-En uno de sus gestos más recordados, usted aceptó una bandera (la nacional) que no era la que estaba en su corazón.

-Sí. Mire usted, mi bandera ha sido toda la vida la bandera roja. Yo soy rojo, uno de esos rojos malditos que hay en España, que luchamos por una España mejor. Cuando llegó el momento de hacer la reconciliación, de encontrar soluciones a una situación muy compleja, en la que había una posibilidad seria de que los militares nos volvieran a la dictadura, yo acepté la bandera nacional porque pensaba que un color no justifica un enfrentamiento entre un mismo pueblo.

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