Y apareció Rato, sin invitación

Cogió el avión a media mañana y se plantó en Valencia. Había advertido que no acudiría porque tenía un compromiso en China, pero finalmente encontró una conexión para a Pekín pasando por Valencia. No había recibido ninguna invitación, pero a las cuatro llegó al pabellón y nadie le puso un pero. Al contrario, cuando supieron que se encontraba en Valencia, Camps y Barberá fueron a buscarle para conducirle hasta el Palacio de Congresos. Se le recibió con alegría, aunque para nadie es un secreto que sus relaciones con Rajoy son distantes. O inexistentes. Rajoy no le ha cogido nunca el teléfono en estos años, aunque Rato siempre se ha puesto a disposición del partido y ha colaborado en la campaña electoral.

Tampoco Zaplana recibió invitación, y eso es más chocante porque la organización del congreso tendría que haber estado por encima de su rivalidad y enemistad con Camps. A él tendría que haber correspondido presentar el informe sobre el trabajo parlamentario, que ha dirigido en los últimos años con excepción de los tres últimos meses.

El congreso del PP sin embargo se inició en plena euforia. Rajoy visitó el recinto por la mañana acompañado de su nuevo equipo excepto De Cospedal, se hizo fotos y las hizo, vio los vídeos que se iban a emitir en la inauguración, recorrió las instalaciones, charló con periodistas y con militantes. También se sinceró: a Cospedal le ofreció la Secretaría General el miércoles por la noche; con los demás habló la mañana del jueves. Había mantenido varias charlas con ellos y con otros, pero no había concretado nada con nadie. Un periodista le comentó que si había resuelto bien la crisis, y el respondió rápido: "Yo la he resuelto".

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