La alargada mano de Mayor Oreja

MARÍA San Gil es probablemente uno de los dirigentes del PP que goza de mayor simpatía entre los 800.000 militantes populares. Esta guipuzcoana de 43 años se forjó políticamente a sangre y fuego como secretaria personal del dirigente del PP vasco Gregorio Ordóñez, asesinado por ETA de un tiro en la nuca en 1995 en su presencia. Esta circunstancia determinó su combativa trayectoria contra el mundo etarra y sus cómplices, y le confirió una fuerza moral sin parangón. Si la marcha de Zaplana y Acebes estaba cantada y amortizada, la renuncia de San Gil a suscribir la ponencia política es un duro varapalo para el proyecto renovador que está impulsando el presidente del PP, Mariano Rajoy. Sin embargo, una vez hecho público el documento que se debatirá en el próximo congreso nacional, resulta inexplicable la espantada de la presidenta de los populares vascos.

Desde luego, poco o nada tiene que ver con los contenidos. Las parrafadas dedicadas a los nacionalistas, y en especial al PNV, están en consonancia con su discurso, con la línea más antinacionalista del PP. En su presentación, José Manuel Soria y Alicia Sánchez Camacho no mintieron ayer cuando aseguraron que el documento había sido pactado con San Gil a pesar de su clamorosa ausencia. Su puño y letra estaba allí: "El PNV condena el terrorismo, pero, al mismo tiempo, todos sus actos desmienten sus palabras. Su actitud en relación a la lucha antiterrorista es siempre obstruccionista. No se puede decir que el PNV es partidario del terrorismo de ETA, pero sí podemos afirmar que no colabora en su derrota". Y sobre todo aquí: "La actitud del PNV ha contagiado al resto de nacionalismos".

Soria, presidente del PP canario y socio de Coalición Canaria en el Gobierno autonómico, tuvo, lógicamente, que excluir al partido nacionalista que encabeza Paulino Rivero de los infectados por el peneuvismo separatista. Por alusiones, Josu Erkoreka, portavoz del Grupo Vasco en el Congreso de los Diputados, comentó que el documento era "una manera muy curiosa" del PP de hacer amigos, y se preguntó cuáles serían los epítetos que San Gil les hubiera dedicado. Si el texto no da pie a una discrepancia manifiesta, ¿qué ha provocado el portazo de la presidenta de los populares vascos a Rajoy?

Más que diferencias electorales -es verdad que los comicios vascos están a la vuelta de la esquina y que San Gil ha perdido los dos últimos-, el entorno del líder del PP está convencido de que, tras la espantada, está la alargada mano de Jaime Mayor Oreja, que está intentando torpedear el giro centrista que ha iniciado Rajoy en beneficio de la estrategia sucesora que la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, mantiene para 2011. El ex ministro del Interior no comparte el análisis que su presidente hizo de la derrota del 9-M, y, por tanto, no cree que sea necesario llevar al PP a posiciones más templadas para mejorar los resultados en el País Vasco y Cataluña y las relaciones con los nacionalismos moderados: PNV y CiU. Mayor Oreja está convencido que quien ha fallado ha sido Rajoy y que, por ello, debe marcharse. La tesis de que la presidenta del PP vasco ha abandonado porque "no se fía de que Rajoy la vaya a cumplir" tiene mucho de pueril, pero, además, es el regreso a la política falsaria que Zaplana patentó con la coletilla de "a lo mejor" cuando quería hacer política con minúscula.

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