Zapatero y la mano negra

  • El presidente del Gobierno y el líder del PP salieron satisfechos del tono y los acuerdos alcanzados el miércoles en La Moncloa y abrieron una fisura en el muro de su rechazo sistemático a las propuestas de uno al otro

La llamada se produjo el domingo pasado y Rajoy no se sorprendió: el presidente le llama con cierta frecuencia, desde luego siempre que se produce algún acontecimiento de relevancia, y ese fin de semana el nombre de Grecia se pronunciaba en todos los idiomas. La Unión Europea acudía al rescate y España tenía que contribuir con unos 10 mil millones de euros a pagar en tres años. Era comprensible que el presidente del Gobierno quisiera cambiar impresiones con el líder de la oposición, que le anunció que apoyaba la posición española.

De ahí pasaron a otras cuestiones y Zapatero le preguntó si podían verse en La Moncloa. Rajoy no lo dudó y fijaron la fecha, el miércoles. Para hablar de dos asuntos, Grecia y la necesaria reestructuración del sistema financiero, que traducido al lenguaje coloquial es fusión de las cajas.

El lunes, cuando Rajoy informó a la dirección de su partido, les advirtió que dejaría la iniciativa del temario a tratar al presidente del Gobierno. No quería que después le acusaran de haber querido entrar en cuestiones espinosas para escenificar una vez más su distanciamiento con el presidente y su negativa a llegar a ningún tipo de acuerdo con Zapatero. A la dirección del PP le adelantó Rajoy también que en esta ocasión daría la rueda de prensa en La Moncloa. Creía que en este momento de crisis, tan seria, tan grave, presentarse allí ante los periodistas visualizaría su intención de colaborar con el Gobierno en la medida de lo posible.

El secretario de Estado de Comunicación, Félix Monteira, nombrado hace apenas dos meses, llamó a la responsable de comunicación del PP, Carmen Martínez Castro en un par de ocasiones. Carmen le dijo que Rajoy quería celebrar la rueda de prensa en el recinto de La Moncloa y Félix quería saber qué sala consideraba el PP más conveniente. En ningún momento sugirió que la rueda de prensa posterior al encuentro fuera conjunta, que los periodistas vieran dos atriles en la sala se debió a un error. Además hubo un cambio de última hora porque se había decidido celebrar la rueda de prensa de Rajoy en una sala pequeña y al comprobar que había tantos periodistas la trasladaron a la que se usa habitualmente tras el Consejo de Ministros.

Todo indicaba esta vez que tanto Zapatero como Rajoy querían dejar patente que ante la gravedad de la situación estaban dispuestos a alcanzar algún tipo de acuerdo sobre iniciativas que debían ser adoptadas con urgencia. En la reunión, Zapatero habló mucho, bastante más que Rajoy, y gran parte de su intervención la dedicó a exponer su impresión de que España sufría una ola de críticas perfectamente organizadas y que era víctima de actuaciones colegiadas de especuladores. Esta palabra la pronunció en varias ocasiones, lo que dio a su interlocutor la sensación de que el presidente estaba convencido de que una mano negra se cernía sobre el firmamento español, una mano negra que afectaba muy seriamente al nivel de confianza de los españoles en su Gobierno. Y al nivel de confianza de los inversores.

Hablaron largamente sobre la necesidad de aprobar cuanto antes una nueva ley de cajas que ordenará el sector y que fijara las normas para las fusiones en marcha, y también estuvieron de acuerdo en tratare de despolitizarlas, aunque los dos saben que es difícil que los gobiernos autonómicos accedan a perder ese inmenso poder. Y desde luego estuvieron de acuerdo en que las fusiones deben concretarse antes de julio, pues en caso contrario perderían las ayudas articuladas a través del FROB.

Trataron de más asuntos, sobre todo reforma laboral y déficit, aunque los dos prefirieron no mencionarlo en sus respectivas ruedas de prensa. Rajoy le recordó al presidente que llevaba dos años insistiendo en la necesidad de controlar el déficit, y analizaron las posibilidades de colocar la deuda pública española en el mercado a corto plazo, pues en julio habrá que hacer frente al pago de 230 mil millones de euros y a los dos les preocupa encontrar compradores y, además, que el interés no sea excesivamente alto. En cuanto a la reforma laboral, Zapatero se pronunció a favor de dar un nuevo voto de confianza a sindicatos y CEOE para tratar de llegar a algún tipo de acuerdo, mientras Rajoy fue muy crítico con el papel que están jugando las fuerzas sindicales, que se niegan a ningún tipo de ajuste y bloquean una reforma que el PP considera indispensable para crear empleo.

La reunión duró dos horas largas, uno de los encuentros más intensos de los mantenidos hasta ahora por Zapatero y el líder de la oposición. Los dos salieron contentos por el tono conseguido durante la conversación y por los dos acuerdos: el apoyo del PP a la ayuda a Grecia y la nueva política respecto a las cajas.

¿Significan que a partir de ahora habrá nuevos acuerdos entre Gobierno y PP? No. De hecho, a los dos días se abortó el Pacto sobre Educación. Pero en las dos partes afirman que se ha abierto un camino nuevo en el que el Gobierno no va a ningunear sistemáticamente al PP ni el PP va a negarse sistemáticamente a aceptar cualquier iniciativa que provenga del Gobierno.

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