"Zapatero y Rajoy son el símbolo de la endogamia"

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Rivera lleva un año y pico en el Parlament, una de las expresiones más crudas del "establishment" político. Tiene ganas de medir las fuerzas de Ciudadanos en todo el país para arañar algún escaño en el Congreso, un escenario caleidoscópico desde el que "se puede enviar un nuevo mensaje".

-¿Les llega para llenar un pabellón?

-Lo hemos demostrado muchas veces. Hemos llegado a reunir hasta a 1.200 personas, pero no nos importa el volumen sino que nuestras ideas se difundan. Aunque sobrevivimos con microdonaciones de nuestros afiliados, recurrimos a internet y pisamos la calle para ser visibles.

-Cuentan con lograr uno o dos diputados. ¿Qué pasa con su proyecto si no los logran?

-No hay marcha atrás, el proyecto es español. Comenzamos en Cataluña porque era la punta del iceberg del cansancio. La gente quiere cambios. Lo que ha pasado en Francia, Alemania o EEUU y lo que pasa en Italia, donde se plantea una reforma profunda del sistema electoral, son pruebas de esa voluntad. A España ya le toca.

-Supongo que le gusta Obama.

-Mucho. Es la esperanza del cambio. Dijo que el debate en EEUU ya no gira en torno a blancos o negros, ricos o pobres, hombres o mujeres sino sobre los derechos civiles y las raíces de la democracia norteamericana. Ésa es también nuestra filosofía.

-¿No es un pequeño drama que no hayan logrado entenderse con Rosa Díez y su UPyD?

-Ellos han cometido un grave error. La ciudadanía le pide a un nuevo partido que sume, y nosotros hemos demostrado generosidad absoluta y respeto hasta el punto de renunciar a encabezar ninguna lista para hacer posible la coalición. Se han demostrado las diferencias entre los viejos tics de la política y nuestra fórmula. Como dice Obama, para lograr los objetivos no todo vale.

-Boadella [uno de los impulsores de Ciudadanos] respalda ahora a Díez, ¿no?

-Ya no. Me consta que no es así. Que haya participado en la presentación de UPyD el pasado septiembre me parece bien. Yo también estuve allí, en primera fila, porque mi voluntad era sumar.

-¿No tiene la sensación de que los intelectuales que alentaron la creación de ésta y otras plataformas tiran la piedra pero esconden la mano?

-Sería injusto decirlo. Más bien han sido coherentes. Cuando dicen que quieren formar un partido pero sin estar en él, se refieren a que buscan sangre nueva. Les pedí que estuvieran en órganos ejecutivos y en las listas, pero desde el primer día fueron sinceros y dijeron que no. No hay reproches.

-Usted ya es diputado autonómico. Si logra el escaño en el Congreso deberá renunciar...

-Lo he meditado y anunciado: mi idea es ir al Congreso, pero valoraré qué es lo mejor para mi partido. No quiero engañar a nadie.

-Disculpe, no le entiendo.

-Si vamos a tener un papel fundamental o interesa por nuestro desarrollo en el ámbito español, iré, pero me adaptaré al partido.

-¿Se ha reunido alguna vez con Zapatero y Rajoy?

-No. Y su actitud no es demasiado abierta al diálogo con nuevas formaciones que optan al Congreso. Les escribí una carta pidiendo un encuentro formal para encontrar puntos comunes entre los partidos constitucionalistas y no hubo respuesta. Ése es el símbolo justo de la endogamia política que queremos erradicar.

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