Rajoy busca legitimar su liderazgo para renovar mensajes y equipos

  • El presidente del PP llega al cónclave de Valencia debilitado por las críticas pero sin rival · El interés de la cita estará en si existe el voto de castigo de los detractores, su nuevo equipo y la oferta ideológica

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Mariano Rajoy ha resistido con paciencia la acometida de algunos de sus subordinados, convertidos en implacables e infatigables críticos, ha superado trances más que delicados, "momentos duros" según su terminología, su obstinación ha causado la parálisis en sus críticos, incapaces de conformar una alternativa, y su fe le ha conducido hasta Valencia como el único aspirante a liderar las huestes del PP.

A falta de rival, el cónclave de Valencia legitimará en sus postulados al líder del PP, que pretende consolidar ante las bases de su partido un liderazgo cercenado por las dos convocatorias electorales malogradas ante Zapatero. Para salir reforzado, su aclamación debe ser unánime, sin grandes fisuras. La atmósfera crispada, seria y conflictiva que motivó su continuidad se ha relajado notablemente a las puertas del Congreso y, en mayor medida, tras el cierre de filas que siguió ayer al nombramiento de María Dolores De Cospedal como número dos, que devuelve la calma interna tras dos meses de tensiones. Aún así, el cónclave que hoy arranca en Valencia será la cumbre más controvertida desde la sonora caída de Antonio Hernández Mancha en 1989.

Sin un rival con el que medir fuerzas, la atención del Congreso se concentrará en tres puntos: el porcentaje de votos en blanco a su candidatura, la única opción fiable y gradualmente menguante de los críticos para seguir expresando su disconformidad; la lista de nombres que compondrán su nuevo equipo, liderado por María Dolores De Cospedal, y en la que debería seguir visualizándose su promesa de hacer una lista representativa donde la designación de la nueva número dos puede ser sólo el primer paso, dada su proximidad con Esperanza Aguirre; y la discusión de las ponencias, oferta ideológica donde se evidenciará si hay o no un cambio en la relación con los nacionalistas.

El primer obstáculo de Rajoy será, por tanto, lograr que la papeleta en blanco, el voto de castigo, no alcance suficiente peso como para ensombrecer su aclamación. A día de hoy, no parece que vaya a tener un serio sobresalto dado el paso atrás que en las últimas horas han venido dando los iconos de la disidencia.

El segundo obstáculo será cómo se materializa su afán integrador en su futuro equipo. Tras resolverse el interrogante sobre su número dos, las incógnitas se centran ahora en dos ejes: el puesto que ocupará Alberto Ruiz-Gallardón, que ha pasado de incómodo compañero a defensor incondicional pero que se queda sin una de las tres vicesecretarías, y el grado de integración que en su ejecutiva tendrá el sector crítico, focalizado en Madrid. La verdadera medida de una lista representativa la dará la continuidad o no del número dos de Aguirre, Ignacio González, en el Comité Ejecutivo.

El tercer obstáculo para Rajoy lo marcará su capacidad para atraerse y convencer a los sectores más conservadores e inmovilistas, abanderados por viejas glorias como Francisco Álvarez Cascos, de la inaplazable urgencia de una renovación de caras y de la necesidad de confeccionar un mensaje más atractivo para acabar con el voto anti-PP en enclaves como Cataluña.

Las intervenciones del ex presidente José María Aznar, del secretario general saliente, Ángel Acebes, y del portavoz europeo, Jaime Mayor Oreja, serán otro de los puntos calientes, dado que los tres han controlado tanto sus apariciones que prevalecen más sus silencios. La amenaza para Rajoy es que florezcan las dos almas del PP convergentes en un doble discurso: el emprendedor de Rajoy y Gallardón, es decir, el alma aperturista, y el inmovilista o el alma tradicionalista.

Un escenario como éste sostenido en el tiempo podría cortocircuitar la renovación de Rajoy, aunque cerrado el telón de Valencia, el líder del PP tendrá tres años extra para consolidare y, si logra hacerse fuerte, echar su tercer pulso a Zapatero. Es su plan.

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