Mensaje a los mercados

HACE una semana, Rodríguez Zapatero y Rajoy tocaron fondo en el Congreso de los Diputados al protagonizar un nuevo desencuentro, el enésimo. El estado de la economía española no estaba para bromas, y los dos primeros espadas de la política nacional, haciendo gala de un tacticismo electoral entre irritante y mezquino, no dieron la talla una semana más.

Los sondeos del pasado domingo revelaron que el rol que ambos dos estaban asumiendo en esta situación emergencia nacional, con los especuladores apostando por meter a España en una crisis social como la que empieza a vivir Grecia, les estaba llevando a unos índices de credibilidad propios de líderes de tercera fila, muy lejos de los dígitos que acreditan los políticos de Estado.

En este contexto, Rodríguez Zapatero y Rajoy se reunieron ayer durante dos horas y cuarto en el Palacio de La Moncloa. Era el primer encuentro que celebraban en los últimos dieciocho meses, un periodo demasiado largo teniendo en cuenta que durante el mismo la crisis resultó especialmente dura, con una pérdida de más de un millón de empleos.

Sin embargo, a pesar de que los problemas de la economía española necesitan de más reformas para salir del pozo, la cita no se quedó sólo en una fotografía en las escalerillas de La Moncloa, como ocurrió en las diez reuniones anteriores celebradas entre ambos desde 2004.

Los dirigentes del PSOE y el PP alcanzaron dos importantes acuerdos para agilizar e impulsar la reforma del sistema financiero español. Limitar el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) hasta antes del 30 de junio, el mismo plazo que ofreció Bruselas, y negociar la reforma de la Ley de Cajas fueron mensajes claros para los mercados, que, sin duda, necesitan de este tipo de acuerdos para creer firmemente que los planes del Gobierno para llevar a España al 3% de déficit en 2013 llegaran a buen puerto.

Aunque Rodríguez Zapatero y Rajoy sustentan sus diferencias en una falta absoluta de química (y física) que resulta a veces hasta infantil, ambos dos no estropearon en sus comparecencias posteriores los acuerdos alcanzados. Ni siquiera el líder del PP metió, en esta ocasión, la pata: controló el tremendismo que acredita y sólo metió el dedo en la llaga cuando insistió en que "el tiempo se ha acabado", y dejó entrever que si el Gobierno no puede, sólo le queda al presidente convocar elecciones anticipadas.

Aunque el gallego no ha destacado como máximo dirigente popular por la contundencia en la toma de decisiones -la salida del ex tesorero del PP, Luis Bárcenas, y el manejo del pulso que le ha planteado de forma reiterada la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, son dos buenos botones de muestra de su proceder-, no le faltó razón cuando le exigió a Rodríguez Zapatero que gobierne cuando los acuerdos, como el que se espera en el ámbito laboral desde hace más de dos años, se pudren en una mesa de negociación imposible.

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