De Juana, punto y final

  • La salida de prisión resucita las dolorosas historias de sus víctimas que se mezclan con el clamor de condenas más duras

Desde ayer, el drama cotidiano de Pilar Elías ha dejado de ser excepcional. A menos de 60 kilómetros del pueblo guipuzcoano donde la viuda del empresario Ramón Baglietto comparte edificio con el asesino de su marido, que instaló un negocio de cristalería en el mismo bloque de viviendas, hay otra víctima de ETA a la que sólo el azar le evitará el doloroso trance de tener que cruzarse diariamente en la escalera con la mirada impasible de uno de los etarras más sanguinarios, Iñaki de Juana Chaos. La escena que desde hace años se viene repitiendo en el pueblo vecino de Azkoitia se reproducirá también en el barrio donostiarra de Amara con la llegada del nuevo inquilino.

La coexistencia de víctimas y verdugos es una de las múltiples aristas del terror. Otra de sus terribles caras es la estadística, especialmente espeluznante en el caso de De Juana. El ex jefe del comando Madrid que sembró el horror en los años ochenta en la capital carga a sus espaldas con 25 asesinatos, uno de los historiales criminales más sobrecogedores. Su excarcelación ha resucitado dolorosos dramas que gravitan sobre la pesadilla de aquellos días. Historias en las que asoman homenaje y denuncia.

"Siempre tienes esa molestia en el tímpano pero lo que más te toca es a nivel psicológico, a la hora de relacionarte, es como si de pronto hubieras envejecido muchos años". Son las secuelas que arrastra Marcos Patón desde 1985, año en el que De Juana atentó en la plaza de la República Argentina. El día del ataque, el 9 de septiembre, contaba con sólo 22 años. "Éramos todos gente de veintipocos años y para muchos era nuestro primer destino", relata a este diario.

Romper amarras con el epicentro de la tragedia y trasladarse a otra ciudad suele conformar el clima propicio para superar ciertos traumas pero Intxaurrondo no parecía ser el destino más recomendable. "15 días más tarde estaba reincorporado, y meses después fui destinado allí, consciente de que me podía volver a pasar lo que me pasó". Eran los años de plomo y sangre, los de más virulencia de ETA, y la hostilidad del lugar hacía parpadear en su cabeza la secuencia de la explosión: "Cuando te encuentras con un coche solo en el arcén tienes siempre la impresión de que lo van a reventar".

Para este agente, la liberación de De Juana es del todo "injusta". "Es muy duro que un individuo tan vil y miserable esté en la calle, sobre todo para las madres y los padres que perdieron a sus hijos".

Otro de los supervivientes de aquel atentado es Raimundo Plata. La herida aún supura: "Como víctima no perdono ni olvido porque a raíz de aquel día cambió mi vida". Desde ese momento arrastra secuelas incurables. "Las físicas se curan, lo peor son las psicológicas: vivir con ello diariamente y hacerlo con medicamentos". La excarcelación de De Juana le provoca una sensación invencible de "impotencia". "No ha cumplido ni un año por víctima", lamenta.

Manuela y Juan Luis son hermanos de Antonio Lancharro, uno de los doce guardias civiles asesinados en la matanza de la plaza de la República Dominicana el 14 de julio de 1986, perpetrada por De Juana. Es uno de los atentados más atroces en las cuatro décadas de la siniestra historia de ETA. "No duermo sin ver antes la foto de mi hermano asesinado", relata Manuela. Al igual que ella, en lo que es ya una rutina, su madre se abraza cada noche a una fotografía del hijo ausente para sobrellevar el trastorno por su imborrable pérdida. "Aún veo a mi madre mirando la foto de mi hermano y llorando", cuenta Juan Luis.

Ambos rechazan los beneficios penitenciarios que han permitido a De Juana recortar su condena sin arrepentirse. "¿Podrían mirar a los ojos de las víctimas y decirles que por la Justicia que tenemos la vida de sus hijos no vale ni ocho meses de cárcel?", se preguntan.

El denominador común de las víctimas es su opinión favorable sobre la cadena perpetua, un debate que aflora en paralelo a la "impotencia" de ver al asesino "paseándose" por la calle. "Saben que entran por un lado y salen por el otro, pero si hubiera cadena perpetua se lo pensarían", dice Juan Carlos. Su hermana Manuela bendice la idea: "Rotundamente a favor, ¿para qué si no le condenaron a 3.000 años? ¿Para que nos sintiéramos mejor?".

Marcos secunda la reforma amparándose en otros modelos: "Hay cadena perpetua en Francia y Alemania, países con una trayectoria democrática más amplia". Una reivindicación que comienza a ser un clamor entre las víctimas para que la excarcelación de De Juana no sea el punto y seguido de más "dolor y agravios" con la salida, alguna irreversible e inminente, de otros históricos de ETA.

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