Ibarretxe exige desvincular a ETA del "conflicto entre el Estado español y Euskadi"

  • El lehendakari viaja a la Universidad de Standford (EEUU) para defender su plan soberanista que llevará a cabo con o sin atentados.

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El lehendakari, Juan José Ibarretxe, volvió a proclamar su intención de celebrar una consulta popular el próximo mes de octubre. Una consulta que, insistió, se celebrará con independencia de que persista o no la violencia etarra ya que "el conflicto político entre el Estado Español y Euskadi" son dos realidades distintas que no se pueden "confundir". Ibarretxe visitó ayer la Universidad de Standford donde defendió su plan soberanista y apuntó que precisamente el error de confundir "el problema de la violencia de ETA y la solución del conflicto político vasco" fue lo que hizo fracasar a todos los procesos de diálogo abiertos con la banda.

La visita de Ibarretxe a la Universidad de San Francisco no estuvo exenta de polémica y varios estudiantes españoles del Campus recogieron firmas contra al intervención del lehendakari al que recibieron con pancartas. Durante su conferencia 'Una propuesta para poner fin al conflicto vasco', que impartió en inglés, el lehendakari señaló que, con su "perversa" violencia, ETA oculta la existencia de un "conflicto político" que existe desde hace años y que requiere una solución desde política. 

"La violencia de ETA provoca el sufrimiento de personas inocentes y mancha el buen nombre del pueblo vasco, pero, además, sus efectos perversos ocultan la existencia de un conflicto político que es preciso resolver por la vía del diálogo y la negociación política", aseveró.

Pero, destacó Ibarretxe, se puede "confundir el problema de la violencia de ETA con el conflicto político de relación entre Euskadi y el Estado español". Se trata, apuntó, de realidades distintas que además requieren "interlocutores y procesos de solución diferentes". En este punto recordó que "diferentes intentos de negociación entre el Estado español y ETA para acabar con el problema de la violencia", como la negociación de Argel en 1989, siendo presidente Felipe González, el proceso de Suiza en 1998, con José María Aznar al frente del Gobierno, y el último "intento fracasado" entre marzo de 2006 y junio de 2007, protagonizado por José Luis Rodríguez Zapatero.

"Todos ellos han fracasado porque se confundieron el problema de la violencia de ETA y la solución del conflicto político vasco", sentenció el lehendakari que acto seguido quiso dejar claro que ETA no representa al pueblo vasco y su violencia debe desaparecer inmediatamente, "al margen de que los partidos alcancen o no acuerdos para resolver el conflicto". "La sociedad vasca exige que manifieste, de forma clara e inequívoca, su voluntad definitiva de poner fin a la lucha armada", proclamó.

Después, Ibarretxe abogó por "arropar a las víctimas" y luchar por la defensa los derechos humanos "para todas las personas, sin excepción, es un principio fundamental". "En una democracia, la violencia no puede ser utilizada como excusa para el recorte indiscriminado de derechos civiles y políticos", apuntó.

Pero el fin de la violencia de ETA y lograr la paz es sólo una parte del doble reto que tiene ante si la sociedad vasca. El segundo reto es lograr la normalización política "mediante un Pacto con el Estado español que permita poner fin a un conflicto político histórico". Un objetivo que se ha de afrontar, insistió, con independencia del primero, ya que el derecho a decidir de los vascos no puede estar supeditado a la existencia o no de la violencia terrorista.

En este punto, Ibarretxe aseguró que el derecho a decidir es "la llave de la solución del conflicto político vasco" y defendió su plan soberanista como la vía idónea para alcanzar este objetivo. Tras exponer los pormenores de la hoja de ruta que ya planteó en el Parlamento vasco en septiembre de 2007 y que incluye su referéndum ilegal. 

Una consulta que, aseguró, se celebrará el 25 de octubre de 2008 y servirá "para ratificar el pacto político que se haya alcanzado con el Estado", y, si no hubiera sido posible, "servirá para que la sociedad vasca envíe un doble mandato" por un lado decirle a ETA que ponga fin a la violencia y comience "un proceso de negociación para abordar su final definitivo". El segundo mandato sería para todos los partidos con el fin de que inicien una negociación para alcanzar, en un plazo determinado, un acuerdo de normalización política.

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