España se tiñe de azul

  • Zapatero se juega el prestigio los próximos seis meses al frente de la UE, con el temor de que su papel quede desdibujado por la nueva figura del presidente permanente europeo

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Llegó el día, el gran día para el que ha estado trabajando el gobierno Zapatero en general y el Ministerio de Exteriores en particular: el día en el que España se vuelve azul, azul Europa, al asumir la presidencia rotatoria de la UE, un semestre en el que España, supuestamente, debería ser el impulsor de las políticas europeas más relevantes, entre ellas las que tendrían que asentar las bases para superar la crisis y, sobre todo, la creación de empleo.

El equipo de diplomáticos que trabajan en Bruselas ha sido reforzado en el último año para preparar la cuarta presidencia de turno española. Se trata de gente muy cualificada, diplomáticos que llevan muchos años dedicados a la política europea, con la excepción del secretario de Estado Diego Garrido, que no conocía nada sobre la UE. Pero era justo ofrecerle un buen cargo tras dejar la portavocía parlamentaria del PSOE en el Congreso.

Moratinos ha echado mano también de diplomáticos de prestigio que habían superado ya la edad de jubilación, y que han trabajado encantados en la preparación de esta presidencia en la que España se juega su prestigio internacional. Un prestigio que era necesario reconstruir después de una primera legislatura en la que Zapatero demostró nulo interés por la política exterior, sin ser consciente de su importancia. Sólo en el último tramo de su anterior mandato comprendió que debía interesarse por las cuestiones externas, y esa fue una de las razones por las que incorporó a su equipo más cercano de Moncloa al hasta entonces secretario general de Política Exterior Bernardino León.

En este año recién acabado se ha preparado la presidencia europea con sentimientos encontrados. Por una parte, se esperaba la aprobación del Tratado de Lisboa, única posibilidad de que la UE pudiera convertirse en una entidad de peso, más todavía cuando la ampliación exagerada y poco reflexionada, y la escasa capacidad de decisión de las instituciones había provocado el declive de la UE. Segundo: la aprobación del Tratado debilitaría la presidencia de turno, porque la designación de un presidente de la UE, Van Rompuy, y de un Alto Representante para la Política Exterior dejarían en segundo plano a las autoridades españolas.

Se preparó un encuentro entre Zapatero y Van Rompuy el pasado 30 de diciembre para realizar un reparto de papeles, y efectivamente llegaron a acuerdos sobre cómo enfocar la presidencia rotatoria con la aparición en escena de dos cargos de nueva creación con atribuciones que hasta ahora habían correspondido al país que se ocupaba de esa presidencia rotatoria. Desde el entorno de Van Rompuy y desde el Ministerio español de Exteriores se asegura que ha habido buena química entre los dos dirigentes, y que a los dos les interesa que todo funcione bien; a Van Rompuy en su primer mandato como presidente de la UE y a Zapatero en su primer mandato como presidente de turno. Felipe González lo fue en dos ocasiones y Aznar en una. En la cita, acordaron por ejemplo que Zapatero tendrá todo el protagonismo en las reuniones que se celebren en España, mientras Van Rompuy en las que se celebren en otros países europeos, en donde Zapatero se sentará a su derecha.

Pero en el Gobierno español son perfectamente conscientes de que el papel de Zapatero queda desdibujado frente a quienes hasta ahora han ocupado ese mismo cargo. Van Rompuy tendrá las atribuciones máximas y será por ejemplo quien presida durante este semestre el todopoderoso Consejo Europeo, del que forman parte los jefes de Estado y de Gobierno y el presidente de la Comisión Europea Durao Barroso. Hata ahora, era el presidente de turno quien presidía ese Consejo, las llamadas Cumbres.

Por tanto, aunque en España se pone mucho el acento en la relevancia de este semestre y se ha trabajado a fondo para que se aprueben políticas que son fundamentales para la UE, entre ellas las políticas económicas y de creación de empleo, así como el Plan Europeo 2020, en el que se centran actualmente las esperanzas de futuro de la UE, a nadie se le escapa que Zapatero quedará oscurecido por la presencia de Van Rompuy, como Miguel Ángel Moratinos por la presencia de la Alta Representante, la baronesa Catherine Ashton.

Aparte de las Cumbres que se celebrarán en España, la obligatoria y al menos una extraordinaria que viene siendo ya habitual, se han preparado con el máximo detalle las sectoriales que se celebrarán en distintas ciudades de nuestro país, que abordarán cuestiones de plena actualidad como las cuestiones económicas, cambio climático, presupuesto agrícola, infraestructuras y las políticas de seguridad y defensa, en las que la voz cantante la llevarán los distintos ministros. Y también se ha puesto el acento en las Cumbres bilaterales de la UE con EEUU y Marruecos, dos países que a España le interesan especialmente.

Empieza un semestre importante para Zapatero, que por primera vez estará obligado a atender más las cuestiones de fuera que las de dentro. Quizá tendría que reflexionar sobre algo que repite Rajoy: durante el semestre europeo de Aznar estuvieron tan pendientes de la UE que no advirtieron que perdían votos a chorros.

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