Comerse la tarta y conservarla a la vez

El Cadillac de Big Bopper (Jim Dodge), Hogueras en la Llanura (Shoei Ooka) y La Conjura de los Necios (John K. Toole) son sólo tres cumbres literarias donde sus respectivos protagonistas confunden la realidad con su propio filtro de la vida. Dodge narra el mejor roadtrip americano con permiso de Kerouac y lo hace a través de un soñador anfetamínico dispuesto a cumplir su meta incluso a costa de perder la cabeza. Ooka es más sobrio: nada de drogas o autoestopistas, sólo su propia experiencia como soldado en el frente filipino de la Segunda Guerra Mundial. Suficiente, en verdad, pues descubrió el canibalismo y se convenció en su soledad de ser una especie de guerrero místico enviado por Dios a las islas. Ignatius, el icono creado por Toole hace 39 años, es el más demoledor de todos. Ladraba, porfiaba y desafiaba cualquier estructura que chocase con su estrambótica visión del planeta.

Zapatero no puede igualarse con tanto mito, pero sí incurrir en algunos de sus vicios. Algo comparte con ellos el presidente en los últimos tiempos: no muestra un excesivo apego a la realidad. Insiste en que no hay crisis económica. Ay, los números, tan determinantes unas veces, tan insignificantes otras. Promete un montón de dinero en forma de ayuditas. Y, encima, bajando los impuestos. Dicen los suecos que no puedes comerte la tarta y conservarla a la vez. Zapatero sí. Dará más recibiendo menos. O eso dice la letra grande. De la pequeña se encargarán el IVA y otros impuestos soterrados.

También se ha citado con los sindicatos... un día después de las elecciones. Torero es poco. Asume que vencerá. Ya sabe más que el resto de los españoles, militantes socialistas incluidos. Lo de ETA es mejor ni plantearlo. El hombre ha cambiado de idea tantas veces que resultaría de una candidez rayana en lo estúpido pretender interpretarle.

Otra cosa. A ver qué promete en esta ocasión a los nacionalistas si los votantes le dan la oportunidad de disponer. Ya saben lo que dijo del Estatut y lo que se vio obligado a hacer después. Desde el País Vasco, Ibarretxe le lanzará el anunciado órdago del Plan Número Dos, basado en la convivencia amable y sobre todo favorable. IU, que aunque no lo sepa cada día está más emparentada con el centrifuguismo, ya se inventará algo para terminar de aliñar la ensalada (si no desaparece antes). Y gallegos o baleares antisistema -que no es un concepto progre sino otra forma de fascismo- medrarán bajo el manto de la confusión. Para tranquilizar a las almas inquietas, el presi lo tiene claro: sonrisa trillada, primer plano ocular y ceja alzada. Fácil.

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